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Hablar desde el corazón

¿Por qué no hablamos desde el corazón? ¿Por qué nos da tanto miedo hablar desde la honestidad de lo que sentimos y pensamos y somos? Vivimos la vida callando lo que sentimos pensando que es horrible, que no podemos sentirlo, que está mal, que va a sentar mal, que nos van a rechazar… Nos violamos continuamente a nosotras mismas para conseguir un supuesto amor del otro que nunca es suficiente porque nunca ama la parte más importante de nosotras, la parte que escondemos, la parte más necesitada de amor.

Hasta que no la escuchemos y le demos espacio en nuestra vida, amándola como se merece, no vamos a sentir el amor de la otra persona, pues ésta nunca va a poder amarme si me escondo.

De Patricia Narbona Gómez, enviada a mujerpalabra.net el 19 de abril del 2013

Los derechos del Hombre no eran derechos humanos

Si no fuera por el feminismo, los derechos humanos seguirían siendo derechos del hombre y del ciudadano, lo que en el siglo 18 estableció la Revolución francesa a pesar de la protesta de las revolucionarias, que fueron ejecutadas o ignoradas. Tardamos más siglos aun en llegar a la primera noción que comprende que toda persona tiene «derechos humanos», y esto fue a mediados del siglo 20. Bastante tiempo, para algo tan fácil de comprender desde la racionalidad empática y desde el sentimiento de empatía del que somos capaces. ¿Cómo ha sido posible? Porque la gente defiende el Sistema (patriarcal, el padre de todos los sistemas que conocemos, el Creador) con toda su inconsciencia y rabia, siempre. Es la «ideología por defecto» que tenemos a no ser que nos hagamos la autocrítica. Esta ideología por defecto encarna la peor versión posible de lo que es la identidad colectiva, la más violenta e injusta, la que es igual al Sistema, lógicamente. Y lo sabemos también porque ningún sistema se sostiene en pie únicamente por usar la violencia física.
La violencia que recibe por acción y por omisión el movimiento feminista (los movimientos de la inteligencia feminista) no es sólo que siempre se ignore a las personas con inteligencia feminista (o que gobierne la ceguera, no poder ver lo evidente porque las mujeres ni siquiera están en el lenguaje), es también que obsesivamente se alimenta, se difunde, cualquier mito o distorsión que sirva para desacreditar, aislar, destruir a sus activistas.
El feminismo es el movimiento social que más desprecio recibe por parte de todo tipo de personas, y al tiempo el que ha conseguido justicias diversas para mucha gente y de la única manera verdaderamente civilizada: de forma noviolenta (sin torturar ni asesinar en nombre de una divinidad o un sistema ideológico) sino luchando por, exigiendo y encarnando vitalmente hechos de libertad, justicia y sororidad y solidaridad. Es ilustrativo de que vemos lo que la cultura (patriarcal) nos permite ver y no vemos lo que la cultura no quiere que veamos. Es lamentable y real (aunque podría corregirse usando la honestidad) que la gente más inconsciente se siente justificada a la hora de tratar a las personas con inteligencia feminista como si éstas ejercieran una violencia especialmente abyecta y que no tratan así justamente a quienes sí son capaces de realizar todo tipo de violencias, desde negarte el mínimo respeto de nombrarte a los tipos más abyectos, como desarrollar la guerra, exprimir los recursos animales, vegetales y minerales del planeta, violar, forzar a la gestación, al parto y a la maternidad forzada (que una maternidad deseada y con recursos es, al parecer, una peligrosa amenaza para el Sistema), demonizar a personas adorables que podrían aportar cosas muy valiosas a la especie…
Con todo, quien desarrolla inteligencia feminista no puede dejar de tenerla, no puede vivir al margen de las ideas que genera, y el hecho es que cada vez hay más gente capaz de esta gran valentía, de esta asombrosa rebeldía, de este ingente esfuerzo, de esta impresionante generosidad.»

(Fuente: aporto a este proyecto esta cita basada en varias conversaciones en Mujer Palabra y en Internet en 2012)

michelle, para Mujer Palabra: Como trabajo altruista, administro Mujer Palabra y soy escritora en la masa anónima del cíberespacio. En el mundo social más físico, me gano la vida en la enseñanza pública y estiro mi tiempo y sueldo para poder abrir y alimentar espacios para la comunicación, el pensamiento, la creatividad y la creación de relaciones, de ideas que nos permitan superar el mundo patriarcal y convivir sin generar toda esta violencia. Mi webita está alojada en Creadoras – Mujer Palabra.

Emociones

«La compasión es una emoción inestable. Necesita traducirse en acciones o se marchita. La pregunta es qué hacer con las emociones que han despertado, con el saber que se ha comunicado. Si sentimos que no hay nada que nosotros podamos hacer pero ¿quién es ese nosotros? y nada que ellos puedan hacer tampoco y ¿quiénes son ellos? entonces comenzamos a sentirnos aburridos, cínicos y apáticos»

Flora Tristán, a los obreros

A vosotros, obreros que sois las víctimas de la desigualdad de hecho y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo (…) y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como a vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras.

Flora Tristán, La Unión Obrera, 1843. Cita y gráfico conocido en la red a través del Coleutivu Milenta Muyeres y Moces y ambas cosas procedentes del blog Género con clase

De la certeza de que no se trata simplemente de una cuestión de lengua

«Quiero acercarme a la lengua explicando justamente que (…) en el momento en que alguien la mezcla con mujeres (…) ya no está hablando simplemente de una cuestión de lengua (…). Y no se limita a la lengua por distintas razones. La primera podría ser la constatación de que, en cuanto las mujeres se hacen con un espacio en ella, puede ocurrir que haya gente (nunca la lengua) que se sienta capaz de expulsarlas.

(…) este cuaderno no hablará sólo de lengua sino que se deberá tener muy en cuenta que la ideología, en este caso qué se piensa, qué se siente, respecto a las mujeres (y cualquier aspecto de la realidad que las afecta), teñirá siempre el discurso.»

Páginas 14 y 15 (intro) de De lengua, diferencia y contexto, escrito por Eulàlia Lledó Cunill. En su webita puedes descargarte esta pequeña joya de 45 páginas… ¡Que la disfrutes!

Mujer Palabra comparte en el dominio público unas postales sobre lenguaje.

Stasha Zajovich, MdN-Belgrado. Sobre política

Mediante la visualización de la resistencia de las mujeres a la guerra, con actos de resistencia noviolentos, hemos ido creando la política feminista-antimilitarista: organizando la rabia, transformando la indignación en acción, transformando el miedo, el sentimiento de culpabilidad y la desesperación en discurso político y en acción política pública.

  • Cita extraida del texto de la ponencia que se presentó Stasha Zajovich en el encuentro de la Red Internacional de Mujeres de Negro, celebrado en Jerusalén (12-16 agosto, 2005 )

Webita dedicada a Stasha en Mujer Palabra, con un profundo agradecimiento por sus análisis feministas y pacifistas sobre la política, el militarismo y las guerras, la culpa, la reconciliación y la acción política en un mundo que aspira a la justicia. (Mi política exterior es que mi casa está abierta.)

Página de Pacifismo feminista – Feminismo antimilitarista en Mujer Palabra

La Soledad y la Desolación, por Marcela Lagarde

Marcel LagardeNos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos. Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes «¿Te vas a quedar solita?», «¿Por qué tan solitas muchachas?»,  hasta cuando vamos muchas mujeres juntas.

La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.

Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.

Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.

La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.

Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona.

Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.

La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.

Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.

Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad.

Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar.

Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.

No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia. El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película «Nostalgia» habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene.

Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres.

El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.

En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente.

La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.

Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.

Tenemos que deshacer el monólogo interior. Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: «le digo, me dice, le hago». Se trata más bien de pensar «aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué» que son preguntas vitales de la existencia.

La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida. Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.

Mirada como un estado del ser –la soledad ontológica–  la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia. Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir.

Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros.

El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

Una demanda típicamente femenina es que nos «acompañen» pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.

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