SOBRE ODIAR. El tema es complejo, y el contexto hostil para hablarlo,
por toda esa distorsión que la tradición valida. Pero no se puede
atribuir el sentimiento de Odio a los movimientos sociales, que se
dedican justamente a luchar y trabajar por cosas que tienen que ver con
proteger la vida, la buena vida o con derechos, en el planeta, aunque
tengan a personas que puedan odiar a quienes ejercen la violencia.
Hay mucha diferencia entre odiar a quien causa daño y no lanzarte a
hacerle lo mismo porque estás luchando por un mundo diferente, donde
las soluciones vienen de evitar la violencia no de fomentarla (y eso
pretenden los movimientos sociales, evitar las violencias) y ejecutar tu
odio, haciéndoles lo que les criticas que hacen.
Y es admirable que haya personas que puedan tener esa lucidez, muchas
están en los movimientos sociales, particularmente allí. Aunque sean
chuchas, digamos, patriarcales por cultura, pues también son noviolentas
por elección.
Así que atribuirle odio a los movimientos
sociales que son claramente noviolentos es repugnante, en la confusión
que pretende sembrar o siembra, para que no salgamos nunca de la maraña
atroz de la violencia como base de la cultura y la sociedad.
¡¿CRIMINALIZAR SALVAR VIDAS, LUCHAR POR LOS DERECHOS HUMANOS?! ES
DEMENCIAL. Todo lo que nace del amor, de la empatía es Odio para la
ideología patriarcal. ¿Multar al Open Arms por salvar a quien se ahoga?
¿Acusar al feminismo de odio? Nos ha costado la vida y la felicidad
tener ideas de amor en nuestra sociedad y continuamente enfrentamos la
acusación de que odiamos!! El movimiento feminista odia a los hombres, dicen los irracionales, los padres de la distorsión, en lugar de
la realidad verificable: que los movimientos sociales van de amar y
proteger la vida. El feminismo ama los derechos humanos de las personas!
Las lesbianas odian a los hombres, dicen personas gravemente taradas
por la ideología patriarcal, en lugar de la realidad: aman a las
mujeres. Las personas veganas odian las carne, en lugar de que aman a
otros seres vivos. Las «personas no blancas» y las de culturas
diferentes a la patriarcal son peligrosas, dicen, cuando quienes ponen
la vida en peligro son personas sobre todo blancas de culturas escritas
por unos pocos muy interesados en perpetuar el sistema de violencias,
que nos fuerzan a un tipo de vida monstruoso donde lo que importa es
abusar de la mayoría, la acumulación de recursos y poder a costa de la
inmensa mayoría de personas y del planeta. Violar, torturar, acumular no
es odiar. Salvar vidas sí, es peligroso! Debemos dar nuestro trabajo
como esclavas y esclavos a quienes más tienen y acumulan, y compartir
los poquitos con un montón de gente, para que los ávidos de poder y
dinero tengan más. Hacer crítica a la violencia es pedir cabezas, dicen!
Es amar la vida en paz para las comunidades, carajo! Pero qué confusión
violentísima y terrible! Todo lo que toca esta ideología violenta (y
anacrónica ya para cada vez más gente) lo convierte en odio. Y quienes
ejercen y hablan odio, para forzarnos a guerras de fronteras, de
religión, por los recursos, por esclavizar a gente, los partidos
políticos del poder, la corrupción institucional, los clubs de fútbol
ilustrando odio de verdad a otras personas, los programas de cotilleo y
«debate», las series, las películas que nos meten con embudo en todo, el
mercado deshumanizante y deshumanizado, las familias que no dejan
vivir, difaman e insultan a quien no comparte su identidad, eso no es
odio, eso vale, eso es respetar. El exceso es suyo, la violencia es
suya. Un poquito de racionalidad empática. O a aprender y dejar
hacer a quienes sí tienen dignidad humana, a incorporarse a ese
territorio de empatía por favor. Saturadas de irracionalidad y
violencia. Basta ya. Nuestra inteligencia y esfuerzo da para construir
un mundo mejor, pero hay que luchar contra toda esta confusión de ideas!
Es una tara ideológica que debemos y podemos superar!
Que Carlos Saura diga kel feminismo incita al odio solo habla de su miedo a k conozcamos la realidad padecida por la inmensa mayoría de las mujeres. No superaremos la violencia de la sociedad patriarcal impidiendo k seamos conscientes de su barbarie. Los derechos humanos tb son de las mujeres. Por ellos, para todo el mundo, llevamos siglos sobreviviendo, pensando y luchando.
Nos faltan palabras, visión: afinar en las narraciones y conceptos. A raíz de reflexiones sobre feminismo académico y de partido político ante la inteligencia feminista
Que haya mujeres y personas feministas en el mundo de estructuras de poder reconocidas como los únicos centros, lugar de generación, de cultura y política es indudablemente positivo, vital para la evolución a sociedades racionales empáticas, o noviolentas y libres. Que estas personas olviden o no quieran ser conscientes de que esos centros de cultura y política son sólo unos, porque está todo el pensar y accionar de millones de personas en la vida, esa saga minoría que aún combate la cultura patriarcal prevalente, no tendría que ser, hay opciones. Ser feminista no implica que te desaparezca el marco conceptual patriarcal, como sabemos, aunque a veces nombremos como si no lo supiéramos, sin acotar, «universalizando». Ante la crítica al «feminismo blanco», yo como blanca entendí que debía ampliar mi marco mental porque al nombrar mi identidad estaba generando, perpetuando un objetivo patriarcal de exclusión y violencia. Quise protestar, porque duele, claro: luchar por mi identidad no tendría que hacerte sentir que te excluyo. Pero la realidad de lo que nombramos y pasa al imaginario colectivo consciente, y a la historia, a la memoria consciente, está ahí, con sus injustas y distorsionantes narraciones desde los lugares con más recursos para perdurar en la memoria colectiva consciente, o llegar a más personas. Así pues, hay que narrar libremente y al tiempo, acotando muy bien que tu realidad no es «global» (quizá hoy aún se entienda mejor «universal», pero esta palabra es un clásico ejemplo de las cotas ridículas a las que lleva la arrogancia conceptual patriarcal y ¡hay que abandonar esa palabra!)
El propio mundo académico dice que para escribir (pensar)
sobre algo habría que conocer todo lo anterior. (Esto es locura, porque ni
aceptando que lo único que existió humano es lo que cuentan en la Historia
patriarcal, tan seleccionada y violenta, se puede estar leyendo y estudiando
todo para decir lo tuyo. Ahí hay una tara en la universidad española que ha
llevado a mucha gente que habría hecho un trabajo intelectual interesante a no
estar en la universidad.) Así pues, que personas que (discúlpeseme, no pretendo
ofender) siguen esa máxima (por razones de estatus y poder establecido) escriban
ignorando lo que otras feministas y personas con inteligencia feminista han
hecho, para nombrar según el marco mental patriarcal, del poder establecido, de
lo que se reconoce que existe y con ello, se niega existencia al resto, esa
manera tan patriarcal de nombrar, pura violencia, no tiene sentido. Por qué lo
hacen. Ahí debería haber una autocrítica que no puede darse por razones de
poder establecido, aunque como en todo lo humano, siempre hay personas que lo
hacen, aunque les lluevan violencias. Porque les ha costado mucho estar ahí,
tienen que aguantar mucho, luchar contra mucho, y alcanzado el lugar no se va a
poner en peligro por algo incierto, que aún no se comprende lo suficiente.
Visualizando el problema más concretamente. Desanima cómo se
cuenta la historia del feminismo en una época además en que ya, gracias a
«debates internos»*, sabemos que hay buenas razones para generar otra
forma de narrar lo de cada cual. Sabemos ya que para nombrar nuestra particular
identidad y lo de nuestro particular contexto o colectivo, no hace falta
presentarlo como «universal», genérico de la especie, como hace la
Historia patriarcal con la vida, darle una tajo a un trozo, y presentarlo como
el todo. Está claro que estamos en transición, porque en los propios textos
académicos se encuentra la contradicción en la narrativa: se cuenta algo
excluyendo una realidad, pero luego se dedica algún texto a constatar que
existió esa realidad, o algo de esa realidad. Es escandaloso respecto a dos
temas: la lucha noviolenta (que ni saben nombrar estos textos) y el hecho de
que la noción de derechos humanos y su consecuente lucha noviolenta en el
movimiento social le debe existencia a mujeres y personas de todos los tiempos
que han transmitido ideas a través de la palabra o los hechos de su vida que
han dejado clara esta idea crucial de que las personas, todas, no son objetos
para que otras personas las exploten, lo que por ahora llamamos «derechos
humanos» aunque sin terminar, pienso, de comprender lo que encierra. Y
encierra que se entienda lo que el sufragismo encierra (por centrarme en un
tema): no sólo luchar las mujeres de posición social que permite opciones,
mayoritariamente blancas y de la sexualidad que fuera (porque no se ve cuando
vas a votar), por su derecho a votar. Está todo lo que ese sufragismo que sí
pasa a la historia, el blanco etc., le debe a ideas y experiencias de la lucha
contra la esclavitud de las personas negras, por ejemplo, que por ahora se
menciona, si acaso, en un aparte, pero no se integra en la comprensión o la
narrativa general con la normalidad de los hechos de la vida, sino que, si
acaso, se fuerza como un pegote debido en un lugar, siendo su ausencia de otros
lugares más visible, por suerte (así vamos dando pasos en este eterno tener que
educarnos a ver mejor, para superar la tara patriarcal y rescatar lo humano, lo
que como personas podríamos generar respecto a sociedades y culturas
noviolentas guiadas por la racionalidad empática). Igual pasa con la lucha
noviolenta, desde el feminismo institucional (académico y de partido político) no
se sabe ni el lenguaje que usamos en el movimiento social que presta atención
al tema de la violencia y la noviolencia como modos de resolución de conflictos,
al pacifismo feminista (no digo «antimilitarismo feminista» por unas
razones sobre las que también tendría cosas que anotar), o la ADNV feminista
(Acción Directa Noviolenta). A mí me ha sacado los colores leer a filósofas
hablar de pacifismo, pues para quien conozca el tema de la lucha noviolenta
está muy claro que están hablando de algo que no conocen lo suficiente como
para hablar así. Pero ahí está la arrogancia inconsciente patriarcal de
personas feministas: se perpetúa el desprecio, la subestimación a existencias
que no son la tuya, en este caso, en el ámbito del estudio y la comprensión del
tema violencia y noviolencia.
Hay algo que aún no tenemos claro: que las ideas no nacen sólo en la universidad. Si bien la universidad nos ofrece vital material con sus investigaciones para rescatar la verdadera historia de las personas, las ideas que han movido el mundo a mejor, a que no nos autodestruyamos aún por seguir en un tipo de sociedad de la violencia en todo siempre justificada, las han tenido todo tipo de personas, no sólo quienes han podido realizar un trabajo intelectual para el bien de la comunidad, o comunidades, ¡o de la especie! Soujourner Truth, con su «Ain’t I a Woman?» (¡¿Es que yo no soy una mujer?!) no es para un epígrafe dedicado sino para estar integrada como señal de mucho más en una narrativa que no desvirtúe o distorsione las luchas humanas por un mundo menos brutal. Ella dijo eso en una época en que en el movimiento sufragista de Estados Unidos prevalecía que las «verdaderas» sufragistas/feministas digamos eran las blancas, por ejemplo, ellas debían encabezar las manifestaciones** . Ayudó, ayudaron a que se corrigiera un error brutal conceptual, pero a día de hoy, se sigue contando como tema aparte, no integrado en esa historia del feminismo. Igual pasa cuando se menciona en una historia del feminismo la cuestión del feminismo romaní. Y en esos propios textos se ve ya la contradicción: cómo sí hay una sección para nombrar a tal o cual, cómo incluso en la narrativa general se pudiera mencionar, pero no se termina de integrar en la comprensión, en el marco conceptual general, y se nota. Lo que quiero decir es que aunque ya tenemos la información, otra cosa muy distinta es conseguir que eso haga evolucionar nuestro marco mental, nuestra emoción, nuestra cabeza-corazón.
En clase, el 10 de diciembre, siempre intento plantear (y no
genera análisis ni debate, sino una especie de estupor que, espero, al menos
ayude a «ablandar» la ceguera que impone la ideología patriarcal,
conmover para limpiar la mirada) que la noción de derechos humanos ha sido
construida por muchas personas, una saga crítica con la cultura prevalente, a
lo largo de los siglos, personas que han podido o no estar en posiciones de
poder establecido, y la mayoría no lo ha estado, porque no pudiera estarlo o
porque rechazaran estar ahí o las dos cosas. Que no es un hecho concebido y
redactado por nuestros patriarcas. Que, aunque positivo, no fue sólo por la
lucidez y la fuerza de Eleanor Roosevelt, que también. ¿No habría una manera
más amable, más realista, de contarnos las cosas? Por lo pronto, siguen
faltándonos palabras. Cuando nombramos la historia del «feminismo
ilustrado» al «feminismo de clase» falta todo lo relacionado con
las cuestiones del mundo no blanco. Nombramos el mundo blanco disidente pero
sigue siendo el que llega a las estructuras reconocidas de poder, digamos.
Sigue siendo desde la mentalidad compartimentalizadora patriarcal, con sus
ideas nefastas sobre lo que es diversidad y lo que representa. La diversidad
humana no puede ser selectiva o excluyente, aunque podamos cada cual hablar de
nuestra identidad y construirla contra ese todo que es la cultura patriarcal.
Las ideas nacen, se transmiten y generan realidades no sólo
en lo que renoce la cultura prevalente. Hay universitarias, intelectuales, pero
también todo tipo de personas en todo tipo de lugares que han movido el mundo
hacia otro rumbo, un rumbo no patriarcal, artistas, activistas, mujeres
constreñidas por su explotación total en un contexto o situación… Yo dudo que
la historia del feminismo, como cualquier otra historia humana, nazca en un
momento histórico, siquiera porque no conocemos la historia de la humanidad.
Tiene que haber espacio para esa duda. Y así, abrirse ese marco conceptual de
que logros sociales vienen de muchas cosas, de mucha gente tendiendo a algo
diferente, que cuestiona la cultura prevalente. Quienes sean la persona que
hizo tal o cual, ¿pueden ser nombradas así sin que eso implique esa mitología
de Primeras (y Únicas, es la implicación) Personas que Hicieron? Es todo muy
complejo, pero hay que seguir mejorando las narraciones, para que nombrándose algo
invisible, no se invisibilicen otras realidades, sino sencillamente se nombre
una realidad.
Este texto está escrito tal cual, sin tiempo a elaborarlo y
organizarlo. Espero que se entienda o que aporte algo para seguir avanzando en
comprender y nombrar con más racionalidad empática.
—
Notas
*Debates internos: esos que en general se ignoran en el
feminismo de las instituciones educativas o de gobierno, por ejemplo; aunque
luego se aprovechen, el eterno modus operandi del poder establecido patriarcal,
del que no se libra ningún movimiento por transformador que sea si no se
mantiene una afinada consciencia o también autocrítica.
**Manifestaciones (lucha social): ese modo de ADNV que si
bien no inventaron, sí lograron transmitirnos como herramienta de lucha
noviolenta para la sociedad que no tiene acceso a los micrófonos y textos
publicados. Digo «no inventaron» porque que masas de gente se lancen
a la calle a intentar frenar al poder establecido se ha hecho con toda
probabilidad en la historia de la humanidad, aunque no lo sepamos. Lo que no
quita valor al hecho de que las sufragistas, desconocedoras además, como la
mayoría hoy también, de la historia no contada en las sociedades patriarcales,
dieran con la forma de lucha noviolenta de la «manifestación» y la
popularizaran — que como siempre además borráramos de nuestra memoria o
consciencia colectiva que nos vino el ejemplo de ellas es un caso más del
terror de género patriarcal, su poder de aniquilación incluso a través de la
omisión, convertida en arma de destrucción masiva en el patriarcado.
Manifestación feminista
Petra Kelly
2017 Lula
2011 No soy una niña mala. Es que tengo una duda (humor feminista)
Norma Quixtan
2016 Gloria Fernández López
artistas prehistóricas
Berta Caceres
Mujeres indígenas
June Jordan
Atticus y Scout (Harper Lee)
Mary Wollstonecraft, y la dignidad porque las mujeres pensamos
Una idea que, contaba Virginia Woolf, expresó Mary Wollstonecraft. En mi caso, espero, un experimento en la exploración intensa, radical y lo más alegre posible de los dos ideales que me parece vital tener en la vida: libertad y solidaridad. En esta bloga comparto escritos y dibujos según ocurren (desde 2009). En mi webita hay más. Para derechos, ver al pie.
So it is better to speak / remembering / we were never meant to survive – Audre Lorde
Puré naranja
Haciendo puré con témpera naranja con 1. Vindicación Feminista (facsímil de revistas, que conseguí de Elvira Siurana), 2. Recuerdo (historias y dibujos manuscritos de refugiadas de los Balcanes, montado por Zene U Crom de Belgrado, (el libro sepia) que conseguí de Stasha Zajovich y Concha Martín, y 3. Virgina Woolf y sus ensayos sobre escribir (que conseguí cuando vivía entre Londres y Greenham) como libros que sostenían todas nuestras comidas-cenas antes del exilio de Madrid.