Archive for enero, 2012


Toda opresión genera un daño pero también puede generar una fortaleza. Que no se espere nada de ti multiplica la dificultad de que explores y desarrolles tu potencial pero también proporciona una libertad de la que no disponen quienes tienen valor a ojos de otras personas, la libertad de movimiento que da el anonimato, el no importarle nada a quienes reparten estatus y monedas. No tienes que demostrar nada porque nadie espera nada de ti. No vas a “triunfar” igual que no vas a “fracasar”. Los conceptos no se aplican a tu caso. Y esto, que en principio es negativo, un modo de no existencia, para quien necesita libertad es una muy buena noticia. Una ventaja, como lo de las mujeres y el dinero.

Siempre he sabido que mi relación con el dramático hecho de ganar dinero era privilegiada por ser mujer. Para mí, como mujer, poder ganar dinero para mantenerme es un motivo de alegría y celebración, no una obligación, como lo es para un hombre, el cual, si no puede ganar dinero se ve abocado a autodestruirse, porque ha fallado al mundo “como hombre”. Los dos lo necesitamos igual, pero hay un hecho subjetivo-social en cómo se percibe el hecho. Yo, como mujer, aunque dependa del dinero igual que un hombre que también lo necesite para vivir, siempre he podido disfrutar de esta relación positiva con el hecho dramático y asqueroso de tener que ganar dinero para vivir. Y si hubiera sido hombre, habría luchado con uñas y dientes, o bien, con los puños, que es más masculino, por desligarme de la obligación, de la sensación de que mi identidad pudiera dejar de tener valor si no fuera capaz de ganar dinero, o mucho dinero. Y como hombre que hubiera luchado por esto, con todo, sé que no habría podido sentir nunca la sana y sencilla alegría que da ser independiente económicamente, cuando eres una mujer, porque lo sabemos, de alguna manera, consciente o inconscientemente: nos estaba vedado, no poder ganarnos la vida era una pieza clave de la esclavitud de las mujeres en el patriarcado. Lo sabemos tan bien, tan hondo, como sabemos, desde pequeñas, que nuestra libertad de movimiento está más amenazada que la de los hombres, por el tema añadido a los peligros y central del mundo misógino de la violación.

A pesar de lo dicho anteriormente, el dinero, como el llamado poder (que no es más que que todo el mundo te tenga miedo, degrada todo lo toca), o más precisamente, desnaturaliza todo lo que tiene valor. Por ello pienso que en la inevitable transacción que es ganarse la vida, no debe ponerse sobre la balanza aquella destreza que más amas; que debemos buscar trabajos que nos gusten, sí, dado el gran número de horas de nuestras vidas que nos van a ocupar, pero no trabajos que necesitemos hacer por nuestro propio ser, como son los de expresión artística. Es cierto que la expresión artística es alentada por la interacción social, por nuestras relaciones con la gente en el mundo, pero es distinto usar esa inspiración para explorar libremente o expresar algo que te es vital, a usarla para realizar un trabajo que te han encargado. La distinción no es puritana, es por proteger el territorio libertad a la hora de crear.

No todo el mundo se relaciona igual con su capacidad de expresión. Cierto. Por eso mismo debe respetarse a todo el mundo, evitándose juicios de valor, definiciones que contribuyan a la omisión de personas con otras opciones.

La omisión es un arma también, y lo sabemos bien las mujeres. No es cierto que el mundo de la cultura acaba sabiendo qué obra merece esto o lo otro, o qué artista. En el mundo, no sabemos de millones de personas que fueron y son valiosas para la especie y murieron o viven en el anonimato. Y no lo sabemos, no porque no podamos saberlo: es de lógica que así lo concluyamos. No lo sabemos porque consciente o inconscientemente validamos continuamente el mismo sistema que nos hace daño. Si no entendemos que el mundo construido es sólo una parte de la realidad, y actuamos y pensamos como si fuera toda la realidad, seguiremos perpetuando lo que nos hace daño y negando la existencia de otras personas que es decir de otras maneras de actuar y pensar y expresarse y sentir.

No es posible el borrón y cuenta nueva y al tiempo…

La inferioridad cognitiva, intelectual de las mujeres (transmitida en todos los ámbitos, incluida la Historia y el mundo de la Cultura sancionada), y también la moral (transmitida brutal y sutilmente por las religiones), ha sido construida empecinada, permanentemente en el planeta por un mismo sistema de organización social, el sistema patriarcal. Desde Aristóteles a Nietsche, ejemplos del mundo del pensamiento, desde la Biblia a las Inquisiciones y Cazas varias, desde la exclusión material de las mujeres de todo espacio de acceso al desarrollo de las habilidades cognitivas del cerebro humano (bibliotecas, universidades) hasta el siglo 20, desde la Historia escrita, donde las mujeres no aparecen supuestamente porque no han aportado nada valioso para la especie (lo único para lo que sirven, que no es meritorio sino una ventaja biológica, es gestar y parir, a lo que se suma la imposición de educar obedeciendo los mandatos patriarcales, y nada de esto puede ocupar un lugar en la Historia patriarcal porque no es excepcional, sino obligación), demostrar la inferioridad de las mujeres ha sido tan intenso y continuado que podemos decir que equivale a un lavado de cerebro de los colectivos culturales. Muy recientemente, en el siglo 20, un número suficiente de personas como para que se aprecie el impacto en la propia fibra de la sociedad, ha cuestionado el más duro status quo del planeta: muchas personas tienen ya las palabras para defender con argumentos y con datos procedentes del análisis de las realidades, el sistema patriarcal de sexo-género que ha fundamentado y justificado hasta la náusea la distribución de papeles de hombres y mujeres en la sociedad.

Ser mujer se define por este tener la capacidad de gestar un embrión, y no que se desee gestar, parir y asumir el tener hijos e hijas. Patriarcalmente, tener la capacidad física de gestar implica incapacidad intelectual y moral. Y este único compartimento reservado a las personas con vagina tiene como única alternativa el que se las use como muñecas hinchables.

Sin embargo, ser mujer es desde una perspectiva feminista ser persona, tener todo el potencial del cerebro y la mente humanas, y la construcción de una sociedad justa no puede ignorar este hecho, es más, debe apoyar a las mujeres para que se recuperen de los efectos de siglos de alienación de su condición humana. Si hemos sobrevivido, ha sido justamente porque disponíamos de inteligencia, esa capacidad para adaptarse y sobrevivir, incluso en las circunstancias más adversas. Los hombres también necesitan espacio para recuperarse del papel de Hombre que también se les ha impuesto, aunque el papel asignado a las mujeres y la no existencia de papel asignada al resto de personas que no podían ser encajadas en el papel de Hombre o de Mujer, han pertenecido al grupo oprimido, y este hecho no puede ignorarse, añade complejidad al proceso de recuperación, aunque también tenga contrapartidas que puedan ser beneficiosas: como la del mayor conocimiento de la gama y el alcance de la violencia patriarcal, de cómo opera ésta en la sociedad patriarcal.

Todas las personas son seres humanos, esta idea es tan tardía como del siglo 20. Es preciso asimilarla y no se puede asimilar sin un análisis (una crítica) de las sociedades patriarcales, de cómo éstas condicionan la percepción, la imaginación y  la palabra, la mente humana, y con ello, todas las relaciones.

Tenemos que seguir luchando por aprender a hablar, que es aprender a percibir y pensar.

Y al tiempo, es posible además de necesario

Es valioso que haya personas dedicadas al conocimiento de los problemas de muy diversa índole que padecemos como especie y como sociedades (patriarcales) pero las soluciones posibles también depende de que existan personas dedicadas a escapar a los modos de pensar prevalentes, pues están condicionados por la mentalidad de guerra prevalente en la especie. Es preciso que haya personas que sospechen de la mentalidad de guerra, y que intenten pensar escapando a este condicionamiento. En un mundo con el nivel de interdependencia actual de las personas y de las poblaciones, el transformarlo todo para la construcción de sociedades justas y noviolentas, es decir, con espacio para el desarrollo del potencial de la mente humana, de un desarrollo no basado en la opresión, la explotación, la represión de nadie, las soluciones no van a generarse sólo del mundo que nos ha enseñado a operar haciendo un uso tan mezquino de la inteligencia; necesariamente tendremos que llegar más allá, que trascenderlas, que liberarnos de ellas.

Si pudiéramos comprender que la diversidad no es fuente de debilidad sino justamente de fortaleza…

Dejamos atrás los mitos como medio para el conocimiento y su transmisión, y los ubicamos en el mundo de las historias, de las manifestaciones de la creatividad humana. Las religiones ocuparon aquel lugar, ordenándonos cómo vivir, y tendrían que estar pasando ya a ocupar el mismo lugar que los mitos. Siempre han perseguido el conocimiento, el conocimiento en manos de «cualquiera» porque existen alternativas mejores para construir la vida social y personal. Son un gran ejemplo de la mentalidad de guerra: no saben ser sin perseguir, sacrificar, condenar a quienes no acatan su orden. Estamos aprendiendo muchas cosas desde las ciencias y con la asistencia de la herramienta tecnológica, y lo que más claro queda es que aprendemos porque somos animales con imaginación y seres sociales, capaces, lo vemos y lo sabemos, de construir cómo percibimos el mundo, el lenguaje para narrarlo, y los modos de relacionarnos. Vemos, sabemos ya que estos constructos no son verdades inmutables, sino eventos dado en el tiempo y en el espacio, de lo que se desprende que pueden cambiar también dramáticamente. Cómo si no desaparecieron civilizaciones enteras de la noche a la mañana. Es lo mismo que lo ocurre en la naturaleza: diversidad infinita, continuamente generándose, transformándose, y muriendo. Todo es un proceso, y ser proceso no significa sólo una evolución, sino que también incluye muerte y nacimiento y también inagotables grados de todas estas cosas. Si algo ha quedado claro es que nuestro potencial arroja una diversidad parangonable a la de la naturaleza, y si conseguimos comprender la libertad en el planeta no existiría un único sistema, basado en la mentalidad de guerra, además. Con la violencia no podemos conseguir un mundo que nos permita desarrollar nuestro potencial, todas las personas, porque nos condena a un mundo donde un grupo impone todo a un resto. Hay que pensar más allá, también.

Decir que se vive contando con el ideal no significa que se viva utópicamente porque eso es imposible, no sólo porque no escapamos al uso del dinero sino también porque existen aspectos culturales que rechazamos pero que llevamos dentro como un gen, que a veces identificamos y transformamos y a veces no. Lo que significa esto, según yo lo entiendo, es que frente al dolor, la tristeza y la decepción que es la vida, quiero decir, la vida en sociedad, una tiene el recurso de intentar construirse como si viviera en un mundo mucho mejor. El ánimo procede de saber que un mundo social no puede existir sin que antes haya habido cada vez más gente siendo y viviendo cosas que aún no existen, teniendo en cuenta el ideal (por eso las redes sociales son vitales, pues nos recuerdan que hay gente en esa lucha por todo el planeta aunque allí donde vivamos parezca que estamos en soledad o en minoría). El desánimo procede de que hace falta mucha más gente capaz de inteligencia empática, de que parece claro que hay mucha gente que no entiende nada bueno y no es capaz de aprender, de evolucionar, y de que llevamos ya demasiados siglos luchando para estos pocos tan buenos, y siempre tan amenazados.