Decir que se vive contando con el ideal no significa que se viva utópicamente porque eso es imposible, no sólo porque no escapamos al uso del dinero sino también porque existen aspectos culturales que rechazamos pero que llevamos dentro como un gen, que a veces identificamos y transformamos y a veces no. Lo que significa esto, según yo lo entiendo, es que frente al dolor, la tristeza y la decepción que es la vida, quiero decir, la vida en sociedad, una tiene el recurso de intentar construirse como si viviera en un mundo mucho mejor. El ánimo procede de saber que un mundo social no puede existir sin que antes haya habido cada vez más gente siendo y viviendo cosas que aún no existen, teniendo en cuenta el ideal (por eso las redes sociales son vitales, pues nos recuerdan que hay gente en esa lucha por todo el planeta aunque allí donde vivamos parezca que estamos en soledad o en minoría). El desánimo procede de que hace falta mucha más gente capaz de inteligencia empática, de que parece claro que hay mucha gente que no entiende nada bueno y no es capaz de aprender, de evolucionar, y de que llevamos ya demasiados siglos luchando para estos pocos tan buenos, y siempre tan amenazados.

 

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