Archive for diciembre, 2011


Viendo un documental sobre el pueblo sami (unas 100.000 personas en los países nórdicos europeos), una cultura equiparable a las culturas llamadas indias o indígenas de América, en el sentido de su relación con la naturaleza, llamada ahora «sostenible», un sami que vive ahora en el bosque, pero con objetos que se pueden comprar, comenta, cuando le preguntan sobre la diferencia entre su estilo de vida y el antiguo sami, que la diferencia es que ahora en lugar de usar animales para trabajar la tierra y proveerse de cosas, usan máquinas, lo que requiere disponerse de dinero.

Claro, el tema de la globalización y el tema de la guerra moderna con su objetivo de aculturización es así: introduces la necesidad de dinero y ya se desarrolla el resto solo.

El movimiento social ya lo ha planteado: intentemos usar el dinero lo menos posible. Hagamos trueques de objetos y servicios, compartamos lo que tenemos, incluido el conocimiento, la información. (¡Y cómo está ocurriendo esto en Internet!) Si empezamos y somos cada vez más personas, quizá se genere un impacto en las estructuras y dinámicas sociales.

Si introducir el dinero en sociedades absolutamente ajenas a éste, y siendo éste tan absolutamente contrario a los intereses de esa cultura, ha sido tan eficaz (¿y por qúe?, ¿por qué pudiera verse como deseable reemplazar el trabajo de la tierra con un animal por la compra de una máquina?), ¿no podría ser eficaz también rectificar cómo funcionan las sociedades, para desarrollarnos como sociedades más inteligentes, capaces de tratar a las personas con solidaridad y respeto y capaces de no destruir el planeta que habitan?

Usar el dinero implica la pérdida de la autonomía respecto a la supervivencia. Dado el número de personas en el planeta y los hechos de dependencia del dinero actuales, quizá no sea posible constituirnos en pequeñas comunidades autosuficientes (lo que no implica cerradas, o que no compartan) (otra pregunta es: ¿la autosuficiencia es sólo posible en pequeñas comunidades?), pero sí se podría ir desarrollando espacios de independencia del dinero.

 

Llego a las ideas con todo el cuerpo,
por eso todo aparece contradictorio, imperfecto.
Sin embargo, me guía el ideal.

Hay días en que agarro el mundo con una mano,
y soy como un árbol que conecta
las simas y el cielo.

Y hay días
en que el mundo me engulle y me posa
en alguna cueva laberinto, para mi protección.
La cuestión es que siempre me pierdo.
La suerte es que sus túneles en sombra
siempre conducen a la tierra roja.

Por eso llego a las ideas con todo el cuerpo.
Estoy hecha de carne, sangre y hueso.

Es indudable e incuestionable: yo también quiero que me quieran, pero cuando actúo y me pronuncio y siento y pienso sin considerar por un instante si eso hará que me quieran, reaccionas con violencia: empiezas por llamarme arrogante y terminas llamando a la construcción de una hoguera en la plaza, para mostrar que si tú no me quieres, yo debo ser aniquilada.

Quizá el problema es que no tienes el valor de averiguar cómo querrías actuar, pronunciarte, sentir, pensar; que eres una esclava, un esclavo, y yo, la prueba viva de que has elegido, de que tenías más opciones.