Archive for enero, 2011


En un libro de texto viene el argumento de cinco películas. Cada una representa uno de los cinco tipos de amor que concibe Hollywood a la hora de plantearse hacer películas de amor.

Romeo y Julieta – primer amor
Atracción fatal – amor obsesión
My Fair Lady – amor  profe-estudiante
Oficial y caballero – amor rico-pobre
Los puentes de Madison – amor sacrificio

Un estudiante me dijo: no hay ningún amor feliz.
No te preocupes. Te voy a contar una historia de amor verdadera.

Nos faltan las historias de amor verdaderas, las que no son víctima de toda la plasta de ideologización de la vida a que nos vemos sometidas y sometidos.

Que haya vetustas mentes en televisión, en los programas de cultura, diciendo que sobre la felicidad no se puede escribir, sólo indica lo patético que es todo, no nos condena a nada.

Es que la verdaderas historias de amor, son de amor. De amor.

Entender que existe más gente, y elegir las palabras teniendo también en cuenta esa información.

Socialmente, los hechos son rotundos: la sinceridad, la honestidad, en sus mejores aplicaciones, son evitadas, atacadas, machadas. ¿Por qué entonces habría que aspirar a ser personas sinceras, honestas?

Que socialmente nos vaya mal no implica que en relaciones más personales ocurra lo mismo. De hecho, hay personas que se sienten atraídas por rasgos que la sociedad condena.

Además, para la salud de la inteligencia, ¿no es acaso mucho mejor moverse en el mundo de la sinceridad y la honestidad en lugar de en mundos donde se aceptan, toleran, alientan actitudes y tipos de relaciones basadas en lo contrario? Como poco, lo primero simplifica las cosas, y no hace perder tanto tiempo en las trampas de la confusión.

No tener principios no equivale a no tener ideales, sino justamente asegurarse de que van a tenerse ideales.

Los principios son como las mariposas clavadas en un terciopelo negro. Son vida disecada. Están muertos. Y sirven sólo si se vive en un lugar inmutable, donde no hay nada nuevo nunca, todo es previsible y conocido.

La vida es movimiento. Todo cambia y todo combina de innumerables maneras. Además: no lo sabemos todo. Por eso yo no me guío por principios, sino por ideales.

Tener principios es triste, pobre y sofoca todo vuelo. Protege tus ideales.

 

No existe razón saludable alguna para prohibir que en un edificio donde va a trabajar la gente exista una sala (con ventanas o extractor de humos) para fumar, incluidos los centros educativos. Y tampoco para que existan lugares donde la gente se relaciona donde se pueda fumar y otros donde no.

Se puede morir de colesterol, pero el gobierno no puede prohibir comer carne. El gobierno debe asegurarse de que la comida no tiene tóxicos (y no lo hace), de que reducimos la relación con los coches porque causan muertes, sufrimiento, incluso guerras, y destrucción del medio ambiente. Etc.

La Ley Antitabaco es un ejemplo de soluciones de VIOLENCIA en detrimento de soluciones de CONVIVENCIA, porque no respeta la existencia de un grupo de la población, y unas personas en la sociedad, las fumadoras, porque las persigue y expulsa del foro social. En el espacio PÚBLICO (centros de trabajo y centros para la socialización) debe procurarse la convivencia, no la exclusión.

Peligroso, qué peligroso.

Hay un túnel largo.

Hoy me libro.

¡Un día más!

Hay un árbol hueco y sufriente.

Ella no se libra nunca.

Sufre mucho porque ve.

Da a un sótano.

Y hay un perro verde que, obviamente, no era verde.

Lo torturaron.

No existe ninguna guerra justa, ni las que entendemos que son guerras, ni las que no podemos llamar guerras porque existe un tabú (como el uso de los cuerpos de las mujeres por los hombres). Las mujeres no son apéndices de los hombres, como nos impuso pensar la religión, por eso nombrar a un hombre no incluye nombrar a una mujer. En cualquier caso, si una mujer pide ser nombrada, sólo un profundo machismo puede hacer creer que se puede ignorar su petición. No se puede imponer nada, ni que se vista de rosa quien no lo desea, ni la democracia, porque imponer es guerra, no convivencia. Al tiempo, el gobierno “de la mayoría” (nunca consciente, por otro lado) es dictadura si no se comprende que también es necesario respetar las individualidades y las minorías. La violencia será el método más común para la resolución de los conflictos, pero también el peor, dado el sobrecogedor número de ejemplos reales de que disponemos desde hace siglos. Lo bueno que tenemos no procede, además, del uso de la violencia, sino justamente del uso de la inteligencia, de la empatía, de la comprensión de que no hace falta pensar o sentir lo mismo para poder convivir. Lo bueno que tenemos no procede de otros mundos tampoco, sino de la solidaridad y la pasión por la vida. Todo el mundo usa el lenguaje, que es lo que nos hace personas, lo que descubre cómo vemos las cosas, las jerarquías que establecemos. Pero no todo el mundo entiende las palabras, los conceptos que usa, no por falta de inteligencia, sino porque se renuncia a la inteligencia para sentir que se conoce el mundo, que hay un orden. El orden de los crímenes contra la naturaleza y la humanidad, compuesto por innumerables cosas pequeñas que son parte de las cosas más grandes y monstruosas.

 

Del libro: A Bedlam y de vuelta un poco (1960). Dedicatoria: A Kayo que esperó. Traducción: michelle renyé

I

Usted, Doctor Martin

 

Usted, Doctor Martin, pasea

del desayuno a la locura. Fin de agosto

acelero por el túnel antiséptico

donde las muertas móviles aún hablan

de conseguir meter los huesos por el aupa

de la cura. Y yo, reina en este hotel de verano

o abeja que ríe sobre el tallo

de la muerte. De pie, en filas rotas,

esperamos a que abran el cerrojo

del portalón y nos cuenten a la entrada de hielo

de la cena. La doctrina es hecha verbo

y avanzamos hacia las salsas con nuestras bobas

sonrisas. Mascamos en hileras, nuestros platos

arañan y chillan como la tiza

del colegio. No hay cuchillos

para cortarse la garganta. Manualidades:

mocasines toda la mañana. Al principio mis manos

siempre vacías, desenredadas para las vidas

que las hacían trabajar. Ahora aprendo a llevarlas

por atrás, cada dedo furioso exigiendo

que remiende lo que otro romperá

mañana. Sí, claro, le quiero;

inclinado sobre este cielo de plástico, dios

de nuestra galería, príncipe de todos los zorros.

Las cocorotas que se rompen son nuevas,

las que llevaba Jack. Tu tercer ojo se mueve

entre nosotras iluminando las diferentes cajitas

donde dormimos o lloramos.

Qué niñas grandes somos

aquí. Crezco hasta la luna

en la mejor celda. Sus asuntos son las personas,

se pasa por la casa de las locas, ojo

del oráculo en nuestro nido. Ya en el hall

el busca te busca. Te retuerces para salir del tirón

de los niños zorrillos que caen

como inundaciones de vida sobre la escarcha.

Y nosotras somos magia hablando-se,

ruidosas y solas. Soy reina de todos mis pecados,

olvidados. ¿Acaso continúo perdida?

Una vez fui bellísima. Ahora soy yo misma,

cuento esta hilera y esa hilera de mocasines

que esperan, en el estante callado.