Archive for noviembre, 2010


En el movimiento pacifista se renuncia a menudo a usar el nombre «pacifismo» para que así quede incluida la gente que pide la paz (y que es ajena al pacifismo, pues no es lo mismo pedir la paz, que la pueden pedir hasta las personas que defienden la pena de muerte, que ser pacifista). Bien. Sin embargo, apenas existe una visibilización de la gente pacifista que no es pacifista por razones religiosas o espirituales o de principios.

Un poco de respeto al pacifismo político, por favor. No todo es cuestión de principios: hay defensas que se basan en que sencillamente se comprende que algo es mejor opción de convivencia, de construcción social, de resolución de problemas, y de eso va a el pacifismo político, que también existe en el movimiento pacifista y en el movimiento por la paz.

El grupo de los hombres, en el contexto de un mundo patriarcal misógino y machista (sobre todo, aunque tiene más brutalidades que transformar), enfrentan un grave problema respecto a la consecución de su placer sexual, que deberían tener el valor de enfrentar, pues el placer puede existir allí donde no se hace daño a nadie. Los hombres deberían rebelarse ante el bombardeo de educación misógina, por sólidamente establecido que esté, en las instituciones de la violación (¿por qué se la relaciona con el sexo?;  ¿porque les da orgasmo violar?), de la pornografía (claramente misógina las más de las veces, al menos el porno que inunda el planeta), y de la prostitución (vinculada en su inmensa mayoría a la institucionalización de la violación de personas menores y adultas).

Es preciso que se cuestione, que se separe (y también en la manera de nombrar las cosas), la conexión que se hace con el tema sexual cuando se viola, y cuando se usa a la mujer como un contenedor. Las relaciones sexuales compartidas no guardan ningún parecido con estos supuestos usos «sexuales».

No se puede comprender cómo el Hombre ha aceptado que se asocie su consecución del placer con la cosificación radical de las mujeres, que las más de las veces, no son sólo ignoradas en el acto, sino que son ignoradas con radical crueldad.

La violación no tiene que ver con las relaciones sexuales. Es un acto de tortura.

El uso del porno que inunda el planeta no ayuda a la construcción de una capacidad para la sexualidad compartida, pues además de centrarse en lo visual (que debería jugar un papel insignificante  en las relaciones sexuales, ya que éstas se relacionan con otros sentidos, principalmente), se centra en la reducción de las mujeres a contenedores con orificios que hay llenar.

El uso de la prostitución no ayuda tampoco a que se supere esta cruel deformación de cómo se consigue el placer, pues la mayor parte de la prostitución que se da en el mundo tiene relación con la violación, y en los casos en que supuestamente las mujeres trabajando en prostitución no están ahí porque son de estratos sociales condenados a la pobreza, y lo han elegido, el sexo, las relaciones sexuales que se establecen siguen sin hacer nada por que se supere y que se separe el orgasmo masculino del abuso y la cosificación de la mujer, sino que más bien continúan consolidando la situación.

Hay que tratar la cuestión de las relaciones sexuales haciéndose la autocrítica y reeducándose, para sacarse el montón de mierda que impide disfrutar de las relaciones sexuales.

Yo pienso que la cuestión de que existan grupos de hombres que tienen problemas de erección tiene relación con el primer paso de rechazo a este horror de situación que impera en el mundo, rechazo intuitivo, afectivo, psicológico, o sea, inteligente-sensible, a esa equiparación de Ser Hombre = Usar Mujeres / Torturar Mujeres (así, cosificadas, sí). Deben continuar avanzando para recuperar su sexualidad, y ser capaces de una sexualidad compartida.

Debemos denunciar la violación, la cosificación en las relaciones sexuales, y buscar relaciones sexuales realmente vinculadas al placer, que no requieran que se humille, o haga daño, o destruya, a quien se usa para conseguir ese placer. El placer no debería ir unido a la tortura. Y ahora lo está, en la educación que reciben los Hombres.

Me asombra a menudo la incompetencia de la gente. No digo el hacer algo mal porque no tienes tiempo, por ejemplo. Digo hacer las cosas mal, sencillamente, porque sí, digamos. Y se me ha ocurrido una explicación, pues desde mi punto de vista de siempre era incomprensible: qué podía sacar la gente de hacer las cosas mal, más que tensiones evitables, broncas evitables…?

Ya sé por qué lo hacen, esas mentes privilegiadas que pueden permitírselo: cuando haces las cosas bien, parece que lo que haces es fácil, que puede hacerlo cualquiera, y por eso sólo se te reconocerá como tal si te sale perfecto. Al más mínimo fallo, fracarás, pero si consigues que el ejercicio te salga bien de principio a final, te dirán: muy bien, excelente.

Si al hacer lo que fuera se nota que te estás esforzando, es penoso, quizá no genere admiración, y sin duda, el proceso será más largo, y penoso, pero se te reconocerá como mínimo el mérito de habértelo currado.

Quién quiere hacer algo bien, si al hacerlo bien parece que cualquier puede hacerlo. Sigamos otra tanda de siglos reivindicando hacer las cosas mal, porque lo que importa, y esto es irónico (lo que digo), no es lo que se hace, o por qué, sino el mérito, el mérito sufrido, qué más… Las religiones siempre nos lo han dicho: así es como se gana el cielo, no haciendo las cosas bien, con disfrute y eficiencia, cuánta arrogancia.

Suframos, seamos incompetentes, mantengamos la tradición que nos ha traído hasta aquí, hasta la guerra, el odio, la incompetencia como dios!

Cada vez me siento más alienada de los Hombres de la Cultura. Saben cosas, a veces dicen algo interesante, pero tantas veces dicen cosas que son brutales si se sabe, como sabemos quienes venimos del grupo que nunca es escuchado y siempre tiene que escuchar, que no son universales como creen, cómo las presentan. Así, les ves moverse en un mundo suyo que creen universal y que como tal ya no existe, pero siguen colgados de él porque durante siglos ha sido presentado como «universal», y ellos no han tenido ninguna necesidad de darse cuenta de cómo ha cambiado, cómo ha cambiado la gente, por ejemplo, de que las mujeres existen, mujeres que desconocen, es decir, no sólo como putitas, chachas o magníficos personajes femeninos en los que se esconden ellos o esconden la visión acartonada de la mujer, de la mujer que desean creer que existe, que desean seguir imponiendo, la que conviene a quienes valoran más conseguir lo que desean que que las personas sean libres de tener voz y ser tratadas como personas, no como marionetas.

Les veo como atrapados en una burbuja marrón, pesada, que se va alejando como un globo, gordinflón y torpe, alejando hacia su propia destrucción en la atmósfera.

A pesar de su agresión continuada, no hay que desanimarse: existe en la cultura, estarás construyendo cultura, defendiendo la cultura.

La democracia española se construyó sobre el «chitón, borrón y cuenta nueva». Sobre el tabú de hablar de 40 años de dictadura, años en los que una minoría se enteró bien de lo que pasaba y una mayoría no, porque estaba ocupada en No ver, No oír, y Callar.

Cualquier terapeuta sabe bien que no se puede empezar a sanar una herida sin hablar de lo que la produjo. No es saludable.

Y no lo ha sido, saludable, se ve en cómo usa y no usa la gente la democracia.