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Ayer vimos una buena peli, aunque el prota era un psicópata, por lo bien que actuaban la prota y los dos protas, y por la historia, quizá. Empezaba mal y me lo perdí. Siempre se me ocurren tareas urgentes en ciertos momentos televisivos. Realmente estoy muy saturada de violencia. Es como un rechazo instintivo y viejo. Una insumisión general. Pero volví a la peli: al menos tuvieron la delicadeza o la inteligencia de no hacer a una mujer picadillo, como en las pelis de psicopátas, que rechazo o me rebotan por eso. Mataba(n) a cuchilladas a un hombre, corrupto, claro, en el patriarcado las muertes de los hombres tienen sus sentidos relevantes. No como las de las mujeres. El caso es que hoy estábamos de zafarrancho y al sacar el paquete de detergente para lavar la ropa, vi que podía echar lo que quedaba en el nuevo y me puse a ello, sabiendo que tendría luego que meter la mano para intentar arrancar los cachotes de detergentes como petrificados, las rocas jabonosas, y que te duelen las uñas porque cuesta, y por eso al final, tiras la caja de cartón con detergente en el fondo, como para unos dos lavados, medio mes de ropa sucia. El caso: justo antes de meter la mano lo vi como un rayo. Abrí la caja nueva, volteé la vieja sobre ella y lancé cuchilladas sobre el fondo. Se desprendió todo el jabón y luego sólo tuve que deshacer las rocas jabonosas. Nada de dolor bajo las uñas. Lo que se aprende de la tele…

Seguro que la estampa de una mujer acuchillando el fondo de una caja de cartón para que se suelte el montón de detergente adherido y como petrificado (porque le da vergüenza tirarla tal cual, porque le da vergüenza la sociedad de consumo con su pornografía de lo que es basura) da más miedo que la de un psicópata haciendo su nauseabunda función misógina siglo tras siglo en el patriarcado.

 

Relaciones

No a quienes creen que el silencio es profundo y elocuente

y te abandonan ante ese abismo.

No a quienes no te ven porque sólo se ven

y no pueden entender lo que les dices.

No al juego de las marionetas de hilos en las que te guían por tu bien.

Fuera la tortura emocional, la destrucción psicológica de los cimientos,

en nombre de que no existe la felicidad.

No a los gritos, al estrangulamiento, no a las amenazas,

al sufrimiento que se niega la empatía del consuelo,

el uso de la inteligencia, el placer de los sentidos,

o las musarañas escuchando las ramas el día en el viento.

No a las personas que exponen su cariño

acusándote de todas las cosas que no son tus crímenes

sino sus hechos y a veces, tus errores.

No a las relaciones que se llaman pacíficas y son

lapidar con labios como lascas los problemas

(esa mano dura convicción, incapaz, que enmascara

el miedo al riesgo de vivir, al criterio).

No a las relaciones que fijan su visión de ti en el punto de precisión alfiler

que atraviesa el cuerpo de un ser con alas.

No a la necesidad desatada

que se pone gorda porque te conmueve y siempre

desde esa boca otra te escupe y te devora.

No a la culpa culpita pena que son nuestras cadenas.

 

Fuera esos pozos de la mentira y la muerte de seres humanos.

Amar no es una fosa donde nada se respeta.

 

(revisar)

Si bien hay mucho a lo que atender del feminismo de la igualdad y del feminismo de la diferencia, como feminista quisiera exponer por qué no me considero una feminista de la igualdad o de la diferencia.

Está el plano teórico y el de la vida práctica. Al no ser yo una estudiosa del feminismo, abriendo este tema sí me alegraría recibir alguna aportación al respecto. En lo que respecto al plano de la vida práctica…

La cuestión de la igualdad de derechos y la cuestión de identificar del ser mujer con el mundo simbólico de la madre (con su capacidad de gestar) no me parecen aproximaciones pensantes transformadoras de un mundo regido radicalmente por el sistema sexo-género patriarcal, un sistema, por su parte, que ignora la naturaleza humana y en general del mundo animal, y haciéndonos creer que está basado en hechos biológicos.

Los derechos se establecen desde una ideología, y al estar tratándose en el marco del sistema patriarcal, los derechos humanos se conciben desde el patriarcado. Da igual que las ideas que han ido más allá nos digan que todas las personas de la especie deben no ser objeto de comportamientos abusivos; en el marco del feminismo de la igualdad se acepta que lograr unas cosas implica dejar otras cosas, se aceptan, como en política (y por eso la política no parece un lugar bueno para el activismo social, al menos coherente), el mundo de prioridades que se establece en función de lo que la ideología patriarcal pueden asimilar, y curiosamente, a esta ideología se le da muy mal entender que las mujeres son seres humanos y que deben ser ellas las que decidan si quieren o no ser madres, o cuando, cómo y con quién.

El feminismo de la diferencia desea construir un mundo simbólico para «las mujeres» puesto que ellas han sido, como en el lenguaje y por tanto en la cultura patriarcal, omitidas como personas con una mente humana, y no tienen nada, como personas, sólo como mujeres, y como mujeres son, patriarcalmente, inferiores a los hombres, que sí pueden ser personas, además de personas-hombre. Esto ciertamente lo echamos de menos. Yo misma el otro día, al escribir un poema (y por poner un ejemplo) «me inventé» a Sírsifa, condenada a subir eternamente una piedra. Sin embargo, desde mi punto de vista, cualquier idea que dé a la constitución biológica una explicación sobre lo que somos las personas, nuestros grupos, es peligrosa y tiene necesariamente que ser injusta con alguien, pues en la naturaleza hay todo tipo de posibilidades de constitución biológica, y en una especie con imaginación, sobre todo y además, la constitución biológica no es tan determinante para la vida humana como la mente humana: la imaginación, la cabeza-corazón, pues en la mente nacen los pensamientos y los sentimientos, el lenguaje, las relaciones. Así, si biológicamente sólo las personas con útero pueden gestar a otra persona en su cuerpo, humanamente (desde la inteligencia humana), desear gestar, por no decir todo hecho que pudiera vincularse a la gestación, es algo que puede sentir cualquier mente humana. Así, si hay personas con un deseo de cuidar a pequeñas personas, lo que esto pueda tener que ver con la biología es ciertamente insignificante frente a querer hacerlo, desear hacerlo como persona que utiliza su mente humana.

«La imaginación al poder» (como «la libertad sexual», por cierto) es una idea que no se ha podido asimilar aún. Como personas con una mente humana (puede verse en el día a día), la biología juega un papel no fundamental en el tipo de vida que desarrollamos. Lo que desarrolla un papel fundamental es la ideología patriarcal y su sistema sexo-género. Si bien esta cultura determina profundamente no sólo nuestras relaciones sociales, nuestras sociedades, sino también nuestras relaciones íntimas y la constitución de nuestras personalidades o formas de ser, estar y actuar, tendríamos que saber con claridad, que esto que determina no es la biología, sino la cultura (p.e. ¿qué hay de biológico en querer cierta marca de ropa, en mirarse al espejo, escribir poemas, en darle la mitad de bocadillo a otra persona que no volverás a ver cuando pasas hambre?, ¿qué hay de la biología del sistema sexo-género en estos deseos?), y que como especie tenemos mucho más potencial, el potencial de trascender esos papeles patriarcales para desarrollarnos como civilizaciones inteligentes, con personas libres del mundo de identidades que nos han convertido en una especie tan violenta, tan confiada aún en que la solución a los problemas pasa por la violencia, en lugar de por el mejor uso de este tesoro que es la inteligencia humana, capaz de empatizar con sufrimientos ajenos y de colaborar para el bien común de cada grupo que decida constituirse como tal.

Cuanto más ahondamos en lo que es el Sistema patriarcal, más claro se ve cómo éste ha usado la biología, el miedo a la muerte, y el miedo a la carencia para desarrollarnos como sociedades violentas. El genio del sistema no ha sido aplicar la tortura y el asesinato únicamente: ha sabido convertir en violencia todo lo que toca, el lenguaje, el silencio, los sentimientos, las estructuras…

Por eso, desde aquí entiendo el eslógan que usamos en esta época, «La revolución será feminista o no será«. No podemos acceder al cambio profundo de las sociedades que creamos en nuestra interacción (sería bueno que la mayoría entendiese que el sistema de violencias patriarcal no se sustenta sólo por la ejerción de la violencia física, sino también por los silencios de las mayorías, o por sus acciones directas violentas masivas, por ejemplo) sin aprender a ver desde otro punto de vista lo que somos. Y viéndolo, si se tiene el valor de verse, hará falta más, hará falta más: autotransformación. No hay revolución social sin la transformación de la mente individual.

Se empieza a saber ahora que formaciones tan perfectas en tantos sentidos como la forma V del vuelo de las aves, por ejemplo, no responden a un plan global de la especie, ni a que sigan a un líder (mentalidad patriarcal). Responden a unas pocas pautas que sigue cada ser individualmente (el gráfico que adjunto, de la red, es un pequeño ejemplo, pienso, de lo que hacen, pero para la especie humana!). Sin embargo, crean un conjunto eficaz, armónico y bello! (esto último ¿lo notamos sólo nosotrxs?). Como especie humana podemos combinarlo todo, porque tenemos imaginación, pero tiene que acelerarse el proceso de comprensión más inteligente de cómo sobrevivir y vivir en el planeta, y éste no puede ignorar la necesidad de convivir.

Escuchas «mujer» y piensas en sexo.

Escuchas «feminismo» y te burlas,

subestimas,

desprecias,

odias, que es decir, tienes miedo.

Desobedece de verdad.

 

(Revisado en marzo 2015)

De qué me sirve leer a Hemingway si yo aprendí el valor de mi madre

y no nacía del egocentrismo y los mitos,

sino del amor a vivir, la imaginación libre y la empatía.

Si yo no tengo que aprender a ser el desahogo de los Héroes,

a tortas en sus caídas, a violaciones en sus frustraciones y alegrías,

porque las mujeres me hablaron en mi adolescencia del placer,

y aunque tardé algunos años (por los acosos e insistencias),

finalmente seguí su consejo: elijo cuándo y con quién.

Si mi lenguaje es claro por distintas razones, como ves,

puentes de lianas para vuelos que arriesgan,

vegetación espesa con olor a bosque o a mar,

raíces entrelazadas, olor a estratos de tierras,

nada que ver con la imposición, la prevalencia,

esa triste y violenta identidad. Si pertenezco

a la saga de lo invisibilizado que es evidente porque

no recibí la suerte de nacer con esa arma que es Tener Cojones,

bolas de plomo para aplastarlo todo y así, ¡así¡, elevar

al Hombre a su gloria… El Hombre –lo último que yo querría ser, psicópata–

ese guerrero violento de paja, abuso y miedo.

 

No soy de tu mundo, aunque lo conozco bien. Tú, sin embargo,

no sabes nada del mío. Nunca nos has echado de menos,

nunca nuestras mentes… humanas como la tuya,

tuyo y vuestro ese crimen contra la humanidad.

Yo aspiro a otra cosa, a mucho más.

Lee tú a Hemingway, si lo necesitas.

 

(Modificado el 11 de septiembre, 2012)

Todos los organismos vivos modifican su naturaleza, y sin duda sus acciones, dependiendo de su interacción con el ambiente. Para el caso de la especie humana, yo entiendo que lo cultural, no lo potencial cultural, lo encarnado por la minoría, sino lo cultural predominante, conservado en el tiempo por los usos y la tradición, impacta, a su vez, cómo concebimos las cosas (como un gen), y la ideología patriarcal está profundamente enquistada en nuestras mentes, de ahí la necesidad de la inteligencia feminista. Pues bien, hay un aspecto extremo en esta ideología, y es la crueldad radical hacia las mujeres, lo que nos cuesta empatizar con ellas y siquiera nombrar los horrores que han padecido a lo largo de la historia y padecen (ya que mujeres con las opciones que mi sociedad ofrece y yo me busco son una minoría en el planeta), para ponerles remedio desde la raíz, y no paños calientes. Cuando el Hombre analiza su opresión, es análisis que lleva al progreso, cuando las mujeres lo intentan, es victimismo. Cuando el Hombre exige derechos, es un héroe. Cuando las mujeres lo han intentado, se las ha guillotinado, en todos los sentidos, y cuando hemos logrado algo como grupo –el que yo esté aquí escribiendo– el Sistema nos ha invisibilizado como actoras, es todo producto del dios Hombre.

Hay un horror extremo invisible en cómo el Sistema patriarcal ha explotado a las mujeres, sometiéndolas al tiempo física, ideológica y materialmente: la profundidad de este horror se mide en cómo se conciben y nos concebimos las mujeres, la dureza con la que las propias mujeres han juzgado a las otras en esta función de gestar, parir y criar, sabiendo lo que sabían, sabiendo de lo que ha sido y es el horror de que tu cuerpo sea utilizado como desfogue del macho, y del que se espero subsiguientemente el sometimiento absoluto a la maternidad patriarcal, al tiempo que se mantenga la violación o sexo patriarcal, pues el patriarcado identifica el placer masculino con el abuso del cuerpo femenino. Y a esto hay que sumar el mayor invisible: la humillación que es para una mente humana verse reducida a un contenedor para gestar, parir y educar para el único Ser Humano, el Hombre, como un objeto, como un ser de segunda clase.

Lo sé porque mi mente me lo hace a mí. Y la gente que me rodea lo hace continuamente, hacia mí, hacia gente con más claridad que quienes secundan la mentalidad prevalente. Porque lo escucho en todas las mujeres conscientes, feministas, y sin duda en el resto. Porque sé que ha ocurrido a lo largo de la historia, basta leer esos vestigios de que las mujeres existieron. Pondré ejemplos un día que tenga tiempo. Esto es sólo un apunte, porque no quiero olvidar el tema. Daría para un pequeño libro, muy útil para muchas, por lo que nos ahorraría, y por lo que podríamos avanzar, pienso.

ACCIÓN DIRECTA NOVIOLENTA «LENGUAJE» (mujerpalabra.net):

FEMINAZI: hombre autoritario (como un nazi), que llegaría a límites de crueldad insospechados si pudiera, que cree ser de izquierdas, a quien los cambios lingüísticos y sociales generados, construidos y facilitados por el feminismo dan mucha rabia, mucha, por lo que buscan el feminicio simbólico de las mujeres feministas, implicándose en iniciativas tan poco favorecedoras ética como intelectualmente, como el linchamiento verbal de mujeres feministas que defienden los logros del movimiento y continúan luchando por lo mucho que queda por conseguir para que lleguemos a un mundo lejano a la Razón patriarcal y ejemplo de la razón empática.

El comportamiento recomendado es dejarles rabiar, ignorarles; decirles frasecitas que les enciendan más, para que sigan poniéndose en evidencia; si se ponen pesados, cogerle los datos o textos por si hay que mandárselos a la policía, y/o borrar sus mensajes sin ningún problema, puesto que no son ejercicios de libertad de expresión, sino de los antiquísimos métodos de exterminio y desacreditiación de quienes cuestionan el orden patriarcal.

Estoy leyendo la autobiografía de Charlotte Perkins Gilman, la biografía de Claire Tomalin sobre Mary Wollstonecraft (hoy 1 de septiembre, leo pasmada el capítulo 3, documentado, sí, pero mediado por la ideología patriarcal) y el estudio de David Harrison sobre qué perdemos cuando perdemos una lengua en el planeta, titulado When Languages Die. The Extinction of the World’s Languages and the Eorsion of Human Knowledge, libro que debería traducirse, pienso, y del que iré traduciendo cachos para Mujer Palabra.

Visualizar la impresionante lucha de las dos mujeres por poder vivir como seres humanos y no como mujeres objeto patriarcales (el poder de crimen de humillación que tiene eso, además, y cómo se siente al leerlas e imaginarlas), que es lo que ha hecho la sociedad y sus poderosos con la especie, es algo que llena de tristeza y rabia, o sea, que puede conducir a la depresión, algo parecido a lo deben sentir las personas que hablan una lengua abocada a la extinción, porque usarla les excluye de la sociedad.

Pues bien: esta combinación de información e ideas, al entrar en mi imaginación, me llevaron el otro día a hacer un ejercicio difícil pero muy interesante, sobre el que pienso ahora a ratos, para ver si puedo escribirlo para compartirlo.

Se trata de sustituir la idea «extinción de lenguas» por «uso de lenguaje sexista». Esas ideas, al menos, si no esas palabras concretas. Esto me lleva, claro, a la idea de que desde la inteligencia feminista se tiene que producir un análisis (buscaré si hay, que los habrá, espero!) que describa los daños para la especie de que se haya excluido del lenguaje en calidad de seres humanos a lo que el Sistema considera «las mujeres».

No es la primera vez que leyendo me surge un ejercicio similar. Me pasó mucho leyendo a las feministas no blancas, pues casi sentía que había cosas más próximas a mis análisis que lo que leía en algunos análisis de feministas blancas. (Y de nuevo, «blanca» y «no blanca» es nomenclatura del sistema que nos gobierna, no mía.)

Nos conducen al matadero que nos hacen construir enfermos de muy variados grados,

desde el que generaría compasión por su posición humillada si no fueran tan graves para tanta vida sus silencios y sus actos, su participación escudada en ser voz de la mayoría cobarde que obedece siempre antes que pensar o sentir, la participación en esa expresión máxima del horror que es el linchamiento de quienes son capaces de hacer algo distinto a destruir y machacar, desde esos grises empleados,

al tarado, el que no acepta ningún límite al uso y la diversidad de la violencia, siendo capaz al tiempo, por ejemplo, del máximo horror: ternura ante su niña adoptada, hija de la presa secuestrada a la que él ordenó violar en masa a sus obedientes seguidores y parir «como una perra» en un suelo de piedra que retumbaba por los gritos.

Sin embargo, disponemos ya de evidencia empírica para describir científicamente su poder: ubiquémosla en algo muy concreto que nos sirva para ilustrar uno de los cambios más profundos y perseverantes a lo largo de esta monstruosa historia de la crueldad.

Hemos recogido estos datos en un documental que reconstruye qué sería de la naturaleza si habiendo vivido nuestra especie en el planeta, dejáramos de estar — imaginemos que esos líderes tarados han usado las armas que multiplican hasta la náusea y han abandonado el planeta para llevar su lamentable historia a otra tierra. Esperamos que dicho documental de base empírica funcione como la poesía, metafóricamente. En él, esa naturaleza supuestamente amenazada ahora con ser extinguida por nuestra especie se iría tragando nuestros vestigios, y ese rastro del Imperio de Incapaces que temblaron tanto que sólo pudieron destruir, sin templanza pues para ninguna otra cosa, esos ejecutores del deshecho que cosieron a violencia lo mejor de la especie, la verdadera humanidad, quedarían reducidos a nada, por la fuerza de la vida.

Análogamente, la verdadera humanidad ha sobrevivido a siglos de una gama indescriptible de horrores que supuestamente la moldearían. Ideas taradas impuestas a través del terror, modos indescriptiblemente tarados de relación, acciones taradas hasta la náusea, palabras de la tara que es justificar la pesadilla del infierno inventado por los cobardes. Han fracasado. Por el momento, se han impuesto, pero no han podido borrar de la vida aquello que podría gobernarnos como especie, sacarnos de la barbarie. Hablamos de un hecho demostrable, que debemos recordar al despertar para no dejarnos confundir, que debemos transmitir para ampliar nuestra red vital.

Han fracasado, una y otra vez, han sido incapaces de reducirnos a lo que son. Desde esta visión más amplia, aparecen como un error de la naturaleza y como tal, están abocados a la extinción. El potencial de una especie es más poderoso que sus taras, al menos es posible considerar este desarrollo de la vida. Porque la vida es más poderosa que la muerte, por su fuerza y su diversidad, y tenemos base empírica para saberlo.

La mente humana no ha podido ser reducida al patético modelo del Sistema, que siempre ha sido cuestionado por personas con mucho más valor para la especie, un Sistema que siempre ha fracasado, por tanto, en su demencial aspiración a ordenar la vida usando la provocación del sufrimiento y el asesinato. Siempre ha habido seres humanos capaces de pensar y sentir lo que la Saga de la Tara quería borrar de nuestras naturalezas. Si no lo ves aún, empieza al menos a dejar de sumarte a su demencia.

Rechazando radicalmente seguir a las masas del linchamiento, generación tras generación, siempre, sin excepción, con lo que sería valor, solidaridad, inteligencia, han existido las PERSONAS libres.

No te rindas, no tienen razón y te odian. Qué respeto puede merecer alguien que ejecuta sentimientos tan faltos de inteligencia.

Nuestra historia es demasiado joven como para que haya quedado demostrado que no terminará la racionalidad empática gobernando nuestros conceptos, lenguaje y acciones.

Que sigan linchando en sus pequeños puestos de poder. Eso sólo es síntoma de su incapacidad. No te desvíes de tu camino, aunque puedas verlo todo. En tu vulnerabilidad está el germen de la liberación de la especie de este ejército implacable. Visualiza tu valor.

Esta tarde he tenido la desgracia de despertar ante una entrevista televisiva a la escritora Espiro Freire –a quien no he leído, por cierto, porque en otras ocasiones de mi vida la escuché hablar en la televisión, cosas que me asombraron porque me parecieron falsas y pedantes. Y es que no debemos escuchar hablar a la gente que produce obras desde la creatividad, porque nos puede pasar eso. Por otro lado, me pregunto si habiendo escuchado a alguien que te parece mentir y decir cosas sin razón de ningún tipo, merece la pena, como en este caso, leerla. Quizá sí. No sé.

He escuchado con pasmo la cantidad de cosas en mi opinión faltas de inteligencia, vital o racional, sobre el amor. Una de ellas era ésta:

Le pregunta la entrevistadora (¿decidiría ella que esta mujer era una autoridad sobre el amor? ¿En base a qué?) que qué pensaba de la frase “Es el amor de mi vida”. Tras una risita artificialmente prolongada, que parecía descartar la posibilidad de que una persona pudiera enamorarse felizmente de otra, dicho más ordinariamente, emitida con la suficiencia de la persona que se considera experta o más inteligente ante las tonterías que dice de la mayoría, empezó a hilar lo que desde la lógica de la razón o de la emoción no puede hilarse.

Primero dijo que cuántas veces se decía esa frase a lo largo de una vida (la de ella, sólo habiendo llegado a los 37 años: que no podía hablar más que hasta ahí), qué risa tan repelente había que prolongar, como de hombre de negocios gordo antes de la opípara comida de negocios. Esa frase quería decir, por tanto (yo no lo entendí instantáneamente, por el sueño y el susto), que no había un amor en la vida sino muchos, algo perfectamente comunicable sin la risita, y comprensible para muchísima gente. A continuación, comentó que Qué sería la vida si no empezáramos con ese pensamiento nuestras relaciones (se refería a relaciones heterosexuales y homosexuales de amor en el sentido de sexo y algo más), si no pensáramos al empezar que esa relación iba a curar nuestras heridas y…  Bueno, tuve la suerte de que cambiaron el canal, posiblemente porque sobre el café mi cabecita a medio despertar empezaba a humear!

Ah, para esto sirve un blog! Para poder escribir pequeñas cosas, comentarios a la cantidad de brutalidades que bombardean el mundo a diario.

En fin, sigo dormida, o he empezado regulero este domingo, por el shock.

Por suerte y por diversidad de experiencias vividas y de alguna manera conocidas con mayor profundidad de lo que la sociedad con su lenguaje común (de pensamiento único, grotesco y distorsionante sobre el amor), hace 13 años (y lo digo como si contara una historia basada en la irrealidad, ciertamente) me topé con una persona de la que me enamoré, y con la que, por suerte (ser correspondida) y por conocimiento nuestro (tener claras las pocas y fundamentales prioridades de nuestras vidas individuales), mantengo una preciosa relación, de esas que está prohibido mantener, de esas que son inexistentes para el pensamiento único del amor, de esas que no puedes hablar porque nadie te cree y además te presupondrán intenciones que no tienes. Pues disculpad que personalice, pero es que la perversidad del pensamiento único sobre el amor (en la voz más supuestamente culta de una autoridad de la cultura) me es tan compleja de analizar que prefiero intentarlo a partir de un caso, el que mejor conozco, como hacía Mary Wollstonecraft, por cierto, mibonita. (Sobre la que espero hacer un trabajo para publicar en la web.)

Ni esta persona ni yo pensamos al conocernos que habíamos conocido al amor de nuestra vida. Ninguna pensamos o sentimos que eso significaba que habíamos encontrado una persona que nos ayudaría a superar dolores pasados, etc. Todo el camión de cosas que el pensamiento patriarcal sobre el amor le ha echado encima a un tipo de relación que podría sernos y nos es a algunas personas afortunadas fuente de dulzura, curiosidad, pasión, consuelo, alegría…

Cómo se puede pensar, al enamorarse, pongamos, dos personas, es decir, al sentir algo especialmente intenso por alguien, que esa persona hará o que su existencia a nuestra vera supondrá toda una lista de cosas que nada tienen que ver con el sentimiento que ha surgido entre ellas. ¿Qué tiene que ver el pasado (entendido como ¡¡fuente de temas a resolver!!) con el presente de una atracción intensa hacia una persona?

Creo que voy a volver a desayunar, a ver si puedo empezar de nuevo el día, con más fortuna. A veces pienso que debería escribir sobre el amor, como otra mibonita, de nuestros días, Kori, pero desde mi pequeña perspectiva, porque quizá no fuera tan pequeña, sino común a la de personas más rebeldes o empleadoras de su inteligencia rebelde, o al menos, ¡al menos!, un pequeño modelo no apestoso de relación… Pero todos estos temas importantes, tan completamente asediados a cada instante por tantos lados, estos temas que intentamos desde la inteligencia feminista rescatar para poderlos vivir sin toda esa porquería, de dominación, machaque, manipulación, agresión, distorsión, convicción, tradición, todos estos temas objeto de las violencias patriarcales de siglos, requieren, para trabajos más largos, un estómago más fuerte, y cierto método de trabajo, y yo por ahora no los tengo. ¡A ver si más gente lo consigue! ¡A escribir! ¡A sacar de nuestras mentes, de nuestras conversaciones, las concepciones de violencia que nos imponemos en este Sistema patriarcal que tanto daño le hace a la inteligencia humana!

El amor es una emoción buena, positiva. Cómo lo realizamos, con quién(es), viene dictado por la cultura para la mayoría de los casos, y hay que liberarse, porque ese modelo de amor es terrorífico, sólo nos hace esclavxs.

¡A desayunar!

Cuando escucho a personas (sin inteligencia feminista) en una lucha social despreciar a “la gente” porque no se apuntan a su lucha concreta (como si el movimiento social lo crearan y nutrieran sólo esas personas que saben cuál es la lucha “más importante”) llamar a la gente “idiotas” o “egoístas” por esto, me da vergüenza ajena: no es ya que se cae en la misma reducción instrumentalista de las personas que persigue el Sistema (patriarcal, o capitalista, o clasista, etc.), es que esas personas, en esas luchas sociales, suelen contar con el apoyo de las personas feministas y no habiendo entendido nunca el valor que tiene y la necesidad que tienen de adoptar la inteligencia feminista para conseguir cambios sociales e individuales duraderos y producto de procesos noviolentos, como los que han logrado las luchas feministas.

Yo creo que deberíamos hacer una camiseta, una pegatina, un cartel que pudiera llevar una persona a una lucha social, pongamos, la anticapitalista, que ignora y por tanto invisibiliza e impide que se amplíe o profundice las nociones de lucha social del tipo: “Soy feminista y en esta lucha también estoy. ¿Y tú te apuntas también a apoyar las luchas feministas? ¿Empezamos ya aquí, a incorporarlo?”

 

 

No, no todas las generaciones han pensado que estaban cambiando el mundo, bobo.

Nadie con conocimientos de los hechos de anteriores épocas y con capacidad de conocer el mundo, pongamos por ejemplo, alguien con capacidad crítica feminista, no sólo no se atrevería de decir esa «idea rompedora»: se moriría de vergüenza ante la ignorancia añadida que además empuja a decirlo en una entrevista. Dice tanto de su falta de nervio inteligente.

(Cómo jode que haya mujeres que no se creen el dogma de fe patriarcal: que no sirven para pensar, ¿no? A seguir excluyéndolas de toda concepción de lucha, hombrecillo, que la omisión siempre ha sido lo que merecen esos seres inferiores, menores, incapaces de aportar pensamiento, mucho menos valioso, a la especie, sólo buenas para parir y ser violadas.)

Para lecciones de pensamiento crítico, atiéndase al movimiento feminista. Lúcido pensamiento crítico que cambia el mundo sin ejercer la violencia.

El Sistema Patriarcal a juicio por crímenes contra la humanidad, empezando por el crimen de imponer la ignorancia como racionalidad y conocimiento.

Aporte para el Festival Itinerante por el aborto seguro, legal y gratuito en América, llena de pueblos, 8 de marzo del 2012, de michelle renyé, pobladora de mujerpalabra.net

 

Licencia poética

 

Mi licencia poética es hablar

de lo que el Hombre ha silenciado

mientras estrangulaba a las mujeres:

la mula de carga, la sucia coneja, la mantis, la zorra,

la urraca estéril, incapaz de pensar, estridente

en el sentir, buena sólo para ser usada.

 

Todos son nombres del Hombre para ellas.

Así es la guerra totalitaria visible e invisible del horror.

 

Es la licencia poética de quien tiene menos valor

que un vientre gestando la posibilidad

de un futuro hombre;

la licencia poética de un ser

insignificante, frívolo, maldito,

cuya muerte, desangrándose en el suelo,

es siempre merecida, cuya vida es ser acosada,

violada, morada de golpes y de esfuerzo,

sepultada viva, difamada, ninguneada hasta la aberrante

enésima vuelta que es “Di ‘Sí’, ‘Me gusta’,

‘Nos lo merecemos’; confirma el brutal universo

de la razón patriarcal, pon tu huella aquí:

‘Sí, éste es mi lugar’”.

 

Lo inmoral hecho decente, conveniente, castigo justo.

Son los hechos del Hombre hacia ellas.

 

Me tomo la licencia poética de existir

negando con mi vida

que haya justicia donde no la hay,

constatando con mi vida

la existencia de otra lengua,

puro amor en la cabeza corazón,

cuyo cuerpo crece en nuestra voz

que vamos a conservar porque es

pura vida: camino de polvo arcilla,

de volcán, de agua sonora, olor a yerba,

vuelo de viento entre los campos y los árboles,

luces, cuevas, lagos, noches,

existencia,

 

y si tienes valor,

únete a nosotras las personas.

Matar, someter es de cobardes, de personas incapaces de controlar su miedo y hallar soluciones a los problemas. Lo valioso, lo difícil es tejer un mundo que acoja personas libres y solidarias. El hecho de que no podamos prescindir de la única violencia de negar la libertad a quienes no pueden o quieren dejar de ejercer violencias contra otras personas no niega lo que puede ser; sólo hace que la búsqueda de soluciones sea compleja, dado el hecho de que en la consciencia colectiva de la especie prevalece la idea irracional de que sólo podemos vivir y convivir ejerciendo violencias. Si los recursos y esfuerzos empleados en generar las innumerables violencias que construyen el mundo social que tenemos fueran puestos al servicio de las buenas ideas y sentimientos, el mundo sería indudablemente mejor, no un imposible. Pero la cobardía, el asumir semejante limitación a la cabeza-corazón humana, es sencillamente pura cobardía, pura rendición. La razón patriarcal es un anacronismo, el camino que deberíamos empezar a ver y al que deberíamos dirigir nuestros esfuerzos es el que nos ofrece la razón empática, una racionalidad construida desde la capacidad del sentimiento de bondad, generosidad, honestidad, solidaridad. La justicia y el sentimiento de libertad no son más que valentía inteligente.