Derechos humanos, libertad, justicia social, feminismo, derecho a la identidad individual y colectiva-cultural, antiespecismo, antimilitarismo, ecologismo…

Un problema que plantea la libertad en el contexto de sociedades patriarcales milenarias es los hechos de la mayoría, que acatan ciegamente el mandato de la tradición, con sus valores patriarcales milenarios. Y un valor es no razonar, no escuchar, no dialogar, no pensar, no respetar sino más bien ejercer el “conmigo o contra mí”, es mundo en blanco y negro, tan violento y tan antihumano.

¿Cómo poder transmitir ideas para su análisis vital y debate racional empático? Porque sin esto, sin que la mayoría comprenda algunas buenas ideas (que no ideologías, no hablo de paquetes de ideas que imponen, como paquete que son, dogmas de fe) –que rescatarían nuestra humanidad y construirían sociedades menos violentas e injustas— no podemos ser eficaces a la hora de neutralizar a los violentos. “Frente a la violencia de un loco”, me dijo Julio una vez en Centroamérica en los ochenta, “ni violencia ni noviolencia”, y entendí muy bien lo que significaba, pero no todo lo que significaba. No significaba que la noviolencia no fuera una buena idea para estructurar las relaciones humanas personales, en sociedad y en el mundo. Como sí interpretaban los dogmáticos del pacifismo, quienes no podían tolerar una frase así. Sí implicaba que para que el espacio de noviolencia como modo de actuación cotidiana en la sociedad pudiera llegar a serlo era preciso que una inmensa mayoría comprendiera que rechazar la violencia en masa –en lugar de justificarla siempre siguiendo el mandato de la tradición, de nuestra supuesta historia (ésa tan seleccionada por los más violentos)— impediría la violencia en muchos espacios, permitiéndose la evolución de nuestra naturaleza por otras vías. Porque no sólo cuenta lo que está, también cuenta el potencial. Y las culturas evolucionan, se extinguen, cambian, nacen.

La problemática de qué ocurre con las buenas ideas en la sociedad patriarcal tiene relación con el bombardeo de desacreditación, difamación, demonización que sufren las personas que queriendo o sin querer se ven vinculadas a ellas. Todo esto hay que observarlo, pensarlo, hablarlo y analizarlo. Porque es un problema grave: mucha gente querría escucharlas (que no quieran no quiere decir que no hayan tenido su impacto, pero claramente: si fuéramos conscientes el impacto sería más determinante de un cambio social duradero y más profundo, más consolidado), incluso las compartiría, pero hacerlo se vive como un riesgo, el riesgo a quedar fuera del grupo que sigue al líder, que sigue la tradición, la historia contada, quienes han sobrevivido. Y culturalmente tienen prohibidísimo escuchar, y pensar, y poner en común ideas con el fin de explorarlas y conocerlas, que es algo que va antes que decidir que son ideas que quieren incorporar a tu vida y relaciones. Porque escuchar puede transformar el mundo. No es sólo que HABLAR, nombrar, consciencia que le debemos agradecer muy mucho al movimiento feminista, es ACTUAR (si no me nombras, tú no existes), es también que PENSAR, COMUNICARSE y ESCUCHAR pueden, como absolutamente todo lo humano, representar, ser ACTUAR, ser cambio a mejor, r-evoLucionario.

En clase, ¿cómo presentar ideas de los movimientos sociales, cuando sabemos que las personas se defienden de escucharlas atribuyendo maldad, ganas de despreciar y destruir, a quienes las plantean? –como vemos que ocurre con el feminismo, que se interpreta y distorsiona a “Odio a las personas hombre”, en lugar de algo que sin duda plantea, “Crítica a la interpretación y a la imposición de la identidad Hombre en el patriarcado”, o con el antimilitarismo, que se interpreta como “Odio a las personas que trabajan en los ejércitos” en lugar de lo que sin duda plantea, “Crítica a las soluciones de violencia como método para la resolución de los conflictos”. Y digo esto consciente de que dar con buenas ideas no te salva de convertirte en una persona integrista dogmática, que acaba perpetuando precisamente lo que combate al ejercer un no tolerar que se rechiste, que puedan existir diversos modos o maneras o enfoques o desarrollos y que quizá haya que escuchar y pensar más antes de despreciar, juzgar y condenar. Que quizá haya sencillamente que convivir.

Voy a llevar a clase a Petra Kelly. Creo que trabajar sobre su vida y obra de análisis puede ayudar a muchas cosas, incluida que su vida pueda verse, valorarse como tal, sacarla de la condena a No Ser porque un hombre al que ella quería la asesinó, y ya se sabe, a los héroes patriarcales, al Hombre, no se le puede criticar, aunque nos cueste la deshumanización, la negación de la verdadera historia de la humanidad, la condena a ser como no somos, que basta mirar con mirada clara para ver la diversidad y el potencial que tenemos para superar la tara de violencia patriarcal a diario, sin tener que reproducir los modos patriarcales de lucha: la mentira, la falta de escrúpulo, la acusación, la cobardía, la falta de razón empática…

 

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