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Activismo - Poblaciones en resistencia

Volver a Nelson Mandela: ¿quién cuenta la historia?

Chantelle de Nobrega

Chantelle de Nobrega, de MamaCash vínculo externo, publicó este artículo en inglés en diciembre del 2013 en openDemocracy, sección 50.50 vínculo externo

Mujer Palabra: Lo hemos elegido para difusión en mujerpalabra.net porque se trata de un análisis sobre la lucha contra el apartheid y la figura de Nelson Mandela desde un punto feminista. Temas relacionados/relacionables: liderazgo y mitologías patriarcales; la transición española desde una dictadura a una democracia; las transiciones americanas desde colonialismos y dictaduras a democracias; luchas armada y noviolenta; y la rabia como motor de lucha noviolenta en el feminismo, modelo para los movimientos sociales. Traducción al español por michelle renyé para mujerpalabra.net. Traducciones Mujer Palabra: empleamos lenguaje inclusivo y transformativo, por lo que podríais encontrar notas de las traductoras sobre conceptos y nombres.

"Yo no creo que la historia de perdón y reconciliación de nuestra transición colectiva a la democracia en la 'nueva Sudáfrica' sea falsa. El problema es que se ha convertido en la única historia que se nos permite contar", declara Chantelle de Nobrega.

Soy lo bastante mayor como para poder acordarme de las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica y de lo importante que fue aquel momento para la mayoría de la población del país. Al tiempo, soy lo bastante joven como para haber vivido algo más de la mitad de mi vida en la "nueva Sudáfrica".

En esta nueva Sudáfrica, y en todo el mundo, se nos cuenta una historia sobre nuestra transición colectiva a la democracia. En ella inevitablemente se habla de la Comisión de Verdad y Reconciliación [TRC vínculo externo, en inglés] y de la Nación Arcoiris, que se fundó sobre un principio de igualdad para todas las personas, sin que importara su color de piel, género u orientación sexual. La población sudafricana blanca aparece, además, como habiendo experimentado un poderoso despertar espiritual que la llevó a darse cuenta del error de sus modos y maneras y a abandonar el poder político de buen grado. A mí, por desgracia, nunca me ha parecido que esta historia tuviera ningún sentido, ni como sudafricana que pertenece a una familia que incluye al menos tres grupos étnicos diferentes ni como mujer, ni tampoco como feminista. Mi consciencia política como feminista se encuentra íntimamente ligada a mi experiencia e interpretaciones de la historia sudafricana, y la creación y recreación de la historia y la memoria son importantes en la nueva Sudáfrica y en los movimientos feministas en el ámbito global.

Yo no creo que la historia de perdón y reconciliación de nuestra transición colectiva a la democracia en la "nueva Sudáfrica" sea falsa. Mucha gente acudió a la TRC para poder averiguar qué le había pasado a sus personas queridas que habían desaparecido misteriosamente o que habían muerto mientras estaban detenidas. Quienes habían sobrevivido a la violencia del estado y de sus conocidas y brutales fuerzas de seguridad vínculo externo pudieron por primera vez contar sus historias. Y cierto, Sudáfrica cuenta hoy con una de las Constituciones más progresistas del mundo.

El problema, por tanto, no es que esto que se cuenta no sea cierto, sino que se trata de lo único que se nos permite decir. Logramos construir una transición política y ofrecimos una amnistía en el camino que tomamos del perdón. Pero dicho perdón se había fundado sobre los inestables cimientos de una amnesia de la historia. Con las prisas por contar la historia unificada de la reconciliación se nos olvidó contarnos la historia de la necesidad de justicia y de la importancia de conservar la memoria. Y también olvidamos tomar conciencia de que la gente podría sentir rabia o amargura por el hecho de haber tenido que soportar décadas, incluso siglos, de opresión, y de que tenía todo el derecho a sentirse así / era comprensible.

En la actualidad, seguimos luchando por resolver el legado social y económico de casi 50 años de apartheid y de cientos de años de colonialismo (gobiernos y conflictos generados). La población sudafricana blanca dejó el poder político un poco de mejor grado que el poder económico. Aunque la clase media negra crece, la pobreza se da sobre todo entre la población negra vínculo externo. En esta nueva Sudáfrica, las condiciones de vida de muchas personas han cambiado muy poco, si es que han cambiado. La violencia machista, en especial contra mujeres lesbianas negras vínculo externo [link roto a doc pdf reemplazado por audio], es además excepcionalmente alta. Y la mayoría de las mujeres en Sudáfrica podrían confirmar con toda probabilidad que existe un clima de miedo en el país.

La decepción y la frustración creciente con el partido gobernante y el nuevo gobierno y el lento ritmo de la reforma económica han generado numerosas protestas públicas vínculo externo. Las personas sudafricanas hablamos de estos temas todo el tiempo, aunque normalmente sólo para quejarnos. Lo peor es que hablamos a menudo de todo esto como si no tuviera apenas relación con el pacto que creamos en los años noventa, en esencia: perdonar y olvidar.

En esta historia de paz y reconciliación, la figura de Nelson Mandela surge imponente. Sentíamos reverencia hacia él y casi universalmente, adoración. Como figura pública, estaba tremendamente solicitado. Su aportación a la democracia pronto adoptó proporciones mitológicas, aunque la gente no pueda decir exactamente qué fue lo que hizo. La mayoría, de hecho, sólo es consciente de que pasó 27 años en la cárcel. Ese mismo "olvido" de los años del apartheid impregna las conversaciones que oímos sobre la vida de Mandela, a quien suele presentarse como un héroe solitario que únicamente persiguió objetivos por medios pacíficos. Pero esto no es cierto, así de fácil, y además le hace un flaco favor a una vida impresionante de servicio, y a los sacrificios que hizo Mandela por la nación que amaba.

La lucha contra el apartheid (uno de los sistemas políticos basados en el racismo más sofisticados de todo el mundo) fue colectiva, no individual. Se produjo más allá de las fronteras de la nación, además: países del sur de África, entre otros, acogieron al CNA (ANC, en inglés) y a otros partidos perseguidos vínculo externo durante muchos años, muchas veces a pesar del alto riesgo que corrían sus poblaciones, dado el entusiasmo del estado del apartheid por cruzar fronteras ilegalmente para aplastar cualquier movimiento de liberación negro. Numerosas personas y organizaciones participaron en esta lucha colectiva, y sus sacrificios / esfuerzos altruistas merecen ser recordados. Robert Sobukwe vínculo externo, Steve Biko vínculo externo, Victoria Mxhenge vínculo externo, Ruth First, Joe Slovo vínculo externo, Chris Hani vínculo externo, Oliver Tambo vínculo externo, Walter Sisulu vínculo externo y muchas, muchas otras personas dedicaron sus vidas a la liberación de la población negra y al sueño de una Sudáfrica democrática. En muchos casos, fueron asesinadas por plantear resistencia al gobierno de la minoría blanca. Quienes sobrevivieron en esta lucha estuvieron allí también para darnos la mano cuando dábamos nuestros primeros pasos inciertos hacia la democracia.

Mandela siempre fue muy consciente del poder y la relevancia de la acción colectiva y la solidaridad. En su primer discurso tras ser puesto en libertad en febrero de 1990 vínculo externo le prestó considerable atención a hablar del valor de la lucha colectiva y de los sacrificios / esfuerzos altruistas individuales y colectivos del movimiento antiapartheid. De hecho, les atribuyó su liberación. Así pues, también nosotrxs deberíamos hacer un tributo a estas vidas / respetar este hecho social negándonos a colaborar con la mitología de que el apartheid cayó por la existencia de un hombre.

En los movimientos feministas se da la misma tendencia. En ocasiones nos centramos en unas personas dejando fuera entonces al colectivo. Acogemos a rutilantes estrellas y seguimos sus esfuerzos y logros, olvidándonos del poder del colectivo y la solidaridad, que es la verdadera base del cambio estructural. Ni una sola barrera patriarcal de la historia ha sido derribada por una sola mujer. Sin duda, en ocasiones la acción de una persona puede ser el catalizador para que otras personas se resistan a estructuras de poder opresivas, pero una sola persona nunca basta.

Después de la muerte de Mandela, la mayoría de los titulares y homenajes incluyeron las palabras "icono de la paz". Pero la verdad no es así de simple. Antes de 1960, Mandela estaba sin duda comprometido con la resistencia noviolenta al estado del apartheid. En 1960, cuando se produzco la masacre de Sharpeville vínculo externo, que le costó la vida a 69 personas, organizaciones que hasta entonces habían utilizado la lucha pacífica decidieron crear un brazo armado. Una de éstas, Umkhonto we Sizwe vínculo externo (MK), fue cofundada por Mandela. Su objetivo era la resistencia armada. Mandela no fue el líder del MK durante mucho tiempo porque le detuvieron al año y pico de su creación, lo que condujo después a su encarcelamiento vínculo externo. Mientras estuvo en la cárcel y una vez puesto en libertad (incluso cuando negociaba con el gobierno) Mandela se negó a renegar de la resistencia armada, que había proseguido durante su encarcelamiento.

Cuando la gente habla de Nelson Mandela, lo hacen como si el régimen del apartheid se hubiera desmantelado con su carisma y buenas maneras. Sin embargo, Mandela habló abiertamente de su rabia y frustración ante la continuada violencia y opresión y la resistencia sostenida del gobernante Partido Nacional para no desmantelar de una vez por todas el apartheid. También habló a menudo de la paz y de la necesidad de pensar a fondo y generar diálogo, además de hablar de su amor a la especie humana. De muchas maneras, sus palabras me recuerdan mucho a los escritos de bell hooks, que hablan elocuentemente sobre poner el amor en el corazón del feminismo. Se trata de un ideal que yo misma persigo. Este ideal, sin embargo, no excluye necesariamente la rabia y la frustración ante la continuada violencia y opresión que nos rodea. La negociación y la diplomacia pueden darse junto a la confrontación y la rabia. [N. de la t. para la autora: Y confrontación y rabia no tienen por qué adoptar las formas de la violencia, como ha demostrado la lucha feminista, una revolución noviolenta invisible aún porque es difícil pensar fuera del mandato patriarcal.]

No estoy haciendo un llamamiento a la lucha armada para las feministas u otros movimientos que luchan por la justicia social, ni tampoco quiero animar a cultivemos nuestra rabia. Sólo intento recordar que la rabia y el enfrentamiento son parte de nuestra lucha compartida. Como mujer y feminista, se me ha dicho a menudo que debería estar menos enfadada y ser menos agresiva al criticar el patriarcado y el racismo, dos estructuras sociales que se encuentran íntimamente vinculadas, no sólo en Sudáfrica sino en el mundo entero. Sé que no estoy sola. Feministas y womanists [N. de la t.: mujeristas; término acuñado por Alice Walker] llevan décadas hablando y escribiendo sobre este tema, sobre esta presión de que seamos menos agresivas o más dulces al plantear nuestra crítica al poder. Nos dicen que conseguiríamos más si fuéramos más agradables. Existen innumerables "bromas" y chistes sobre las feministas y su furia. Esta hostilidad se explica en parte por la creencia patriarcal de que la única forma aceptable de feminidad es aquella que se presenta con modos suaves, anunciando solicitud y obediencia. Abrazar nuestra rabia puede constituir un acto de resistencia en un mundo que preferiría hacernos creer que quienes están en el poder aceptarán cosas si se las pedimos con educación y no las aceptarán si nos cabreamos.

Al final, Nelson Mandela fue sólo un hombre. Dedicó su vida a la liberación y la libertad. Sacrificó mucho / Pagó un alto precio por su inquebrantable compromiso social con la liberación de Sudáfrica. Y fue humano: cometió errores, en su vida personal y como líder. Así es como quiero recordar a Nelson Mandela, un hombre complejo que nos deja un legado complicado. [N. de la t.: "complicated" para ambas cosas, pero "complejo" es neutro y "complicado" implica problemática, por lo que he optado por diferenciarlos.]


Sobre la autora
Chantelle de Nobrega, sudafricana, vive en Amsterdam. Investiga la teoría y praxis feminista, la ética, la política del cuerpo y la historia de las ideas. Trabaja para Mama Cash vínculo externo, un fondo internacional para las mujeres.

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Publicado en mujerpalabra.net en enero 2014

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