Tras tus ojos
el mundo se apaga.
Tu alma ubicua
empapa el mar
de silencio devorado.
Despegas los telares de los días
con la evidencia de que este amor
lleva tu nombre.
Tras tus pestañas,
se arrulla el sueño
de un ave cálida,
entre las zarzas de nylon
que tejió la noche.
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Publicado en Mujer Palabra en febrero del 2007