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Pensamiento - Sociedad, economía, filosofía y política

Volver al índice de Sociedd, economía, filosofía y política Helena

Volver a la Autora Ana Isabel Espinosa

No era de Troya, pero a todo el mundo le dio por llamarla con ese improvisado apellido, pegado a su nombre. En realidad Helena era Reina de Esparta. Sí, de esa Esparta que tan bien representaron los 300 que lucharon contra los persas de Darío y que a mis hijos les parte la risa cuando los vuelven a ver en la nueva versión de "casi 300".

Pero a lo que íbamos, Helena no era feliz y cuando se cruzó en su camino Paris, príncipe y embajador de Troya, dijo;

–Menelao, ahí te quedas con Esparta, con toda tu corona y tus cien mil ovejas.

Y claro Menelao formó la de Cristo rey y llamó a su hermano Agamenón que estaba loco por liarla y declararon la guerra a Troya, que era donde parecía que se habían refugiado los amantes. Helena debía de estar hasta las narices de que el paternal Menéalo le manejara los destinos de su reino, de que no la dejara opinar, y ya que era hija de Zeus, que no era precisamente un dios juicioso y respetuoso con todos, en cuanto apareció el chapulín colorado del Paris, dijo para si:

–Mejor éste, que, de por vida, esposa de Menéalo.

Y para los restos han quedado Paris, como un traidor a su pueblo, tonto de baba y ligón sin oficio, por llevar la guerra a un país, Troya que era la envidia de sus vecinos y ella, como una mala mujer infiel y marisabidilla, que lo originó todo.

A mí, qué quieren que les diga, Helena siempre me cayó bien, porque nunca la creí hermosa, sino inteligente, como no podía haber sido de otra forma habiendo nacido de un huevo, que no me negaran que tiene lo suyo, y además siempre hizo lo que le vino en gana… Lo único que creo es que si le iba mal con su pareja, debió de darle una patada en salva sea la parte, o despeñarlo diplomáticamente, que en eso eran especialistas los espartanos, y luego gobernar su reino como le pareciera bien, liándose la manta a la cabeza, uniéndose en pareja con quien le pidiera el cuerpo o marchándose de vacaciones a Lesbos en verano o por navidad, cuando ya estuviera muy quemada del mando y los tejemanejes del poder. Así, seguro que la historia y las leyendas habrían cambiado y las mujeres no necesitaríamos ley de paridad para hacernos un hueco, ni tener que empujar o poner zancadillas para llegar, porque hay muchos Menelaos, que no saben la valía de lo que tienen al lado, muchos Paris que no saben ni en qué se meten y muchas Helenas, más inteligentes que bellas, mucho más capaces de lo que se creen, que quieren su sitio en el mundo y no están dispuestas a dejárselo arrebatar.

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Publicado en mujerpalabra.net en octubre del 2009

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