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Hace cuatro años, escribí mi primera carta a mi amiga virtual de Bagdad,
Nuha al Radi: podríamos ser enemigas, tú eres musulmana , yo cristiana,
tú eres oscura y yo soy blanca, pero las dos somos mujeres, las dos
escribimos diarios, las dos somos pacifistas...
Desgraciadamente, Nuha murió y nunca conseguimos reunirnos, nunca
conseguimos tocarnos; nuestro amor y entendimiento fue virtual,
transnacional y global: mucho más intenso y valioso que las relaciones
con la mayoría de nuestros aliados "naturales" basadas en las
experiencias comunes de la vida cotidiana. Nosotras compartimos 200
páginas de preguntas, de emociones y de puntos de vista desvelando el
universalismo del militarismo y el patriarcado. Llamamos nuestra
correspondencia la globalización del mal, sobrevivimos a ello...,
crecimos...
Nuestro enemigo común hubiera debido ser los Estados Unidos: sanciones,
bombas... En cierto momento ella escribió: nunca podría vivir en USA,...
y yo dije: No podría siquiera enamorarme de un estadounidense: las dos
tuvimos que tragar nuestras palabras... Nuha tuvo que ser atendida en
EE.UU. y yo debo admitir que amo a los estadounidenses. Incluso después de
que Bush ganara por segunda vez a pesar de su obvio agresivo y paranoico
militarismo, de que su economía se derrumbase con la amenaza del mayor
desastre económico mundial; incluso a pesar de las delirantes medidas
antiterroristas que han hecho del mundo entero un campo de
internamiento, tengo el sentimiento de que la llamada gente decente de
USA, aquellos que elevaron o quisieron elevar sus voces contra el
enemigo interior, necesitan el apoyo del mundo, para liberarnos a todos.
Como un día le dije a Nuha, te digo ahora a ti, mi Imaginaria amiga
estadounidense, podríamos ser enemigas, tu país bombardeó y mató gente
inocente con sanciones, pero sé que no fuiste tú quien lo hizo; lo sé
porque a mi también me ha pasado: mi país también bombardeó y mató gente
inocente y no fui yo quien lo hizo. Es fácil ir contra "el otro", estar
contra el enemigo obvio, pero no sólo es un error, sino un peligro,
dejar de ver al enemigo real, el enemigo universal que está también en
nuestras casas, a veces en nosotras mismas: el militarismo y el
nacionalismo son asesinos, asesinos sin rostros, ni nombres, ni razas:
son invisibles por separado pero letales como red, como sistema.
El años pasado, en la conferencia internacional de Mujeres de Negro en
Italia, cuando después de 16 años de nuestra expansión internacional,
conseguimos "mapear" casi todos los continentes, con relevantes talleres
y performances, yo declaré: alerta, mundo, que las Mujeres de Negro
están en todas partes; no tienen que ser mujeres, ni siquiera tienen que
vestir de negro: todas somos Mujeres de Negro.
Nosotras, que decimos: no en nuestro nombre, no con nuestro dinero;
nosotras, que no dejamos que los nuestros nos timen; nosotras, que
aceptamos el papel de traidoras, que estamos construyendo confianza, que
somos antipatriotas, que estamos expandiendo la política de la
solidaridad de las mujeres; que aceptamos la marca de la vergüenza
social, que transformamos la sensación de culpa en actos de
responsabilidad; nosotras, que apoyamos a los objetores de conciencia,
que postulamos la conciencia de la responsabilidad social, nosotras que
transgredimos muros y barreras étnicas, que condenamos cada guerra, que
apoyamos a las víctimas de la guerra, que permanentemente pedimos cuenta
por guerras y crímenes de guerra: todas somos Mujeres de Negro y estamos
construyendo un mundo alternativo que no sólo es posible, sino que ya
está aquí.
Cuando pienso en los Estados Unidos, no pienso en Bush, en un frenético
militarismo, ni en el calentamiento global o en el racismo... Pienso
en Steph, mi amigo y editor al que llamo co-autor; pienso en Violeta, mi
joven amiga medio serbia medio albanesa que se casó con un estadounidense y tiene un hijo estadounidense; pienso en Indira, que
vive con un hombre croata, ambos como ciudadanos estadounidense...
Pienso en Andy Wharhol, en Laurie Anderson, en Patti Smith, en "bel
hooks"... Pienso en la música rock, pienso en Internet... en mis sueños,
muchos de los cuales estuvieron y aún están alli. Pienso en todos esos
sueños de libertad y multicultaralismo, por los que tanta gente murió
alli, en el nuevo continente que siempre estuvo allí para todos los que
decidimos no pertenecer a las trincheras de la historia nacional.
Pienso en todos esos amigos estadounidenses -y son muchos- que me enviaron
cajas, correos y libros durante los tiempos oscuros de Milosevic... Y
quiero decirles ahora lo que he descubierto en cicatrices por todo mi
cuerpo: nadie puede salvaros, conduciros o destruiros, más que vosotros
mismos: Nunca estamos solos; solamente solitarios.
Cordialmente,
J.
Traducción del inglés de Leonor Taboada, MdN-Palma de Mallorca - con una pequeña licencia de la webmistress de Mujer Palabra, que ha introducido el término "estadounidense" en lugar de sus alternativas.
Jasmina Tesanovic es escritora, editora, traductora y directora de cine, además de activista en MdN-Belgrado. Ha escrito The Diary of a Political Idiot y es co-editora de The Suitcase: Refugee Voices from
Bosnia and Croatia. Fue una de las fundadoras de 94, la primera editorial feminista de Serbia. Su libro Matrimonium se puede conseguir escribiendo a Concha Martín, concham@nodo50.org (Madrid), y a María Palomares, mpaolmares75@hotmail.com (Barcelona).
Cada ejemplar cuesta unos siete euros más gastos de envío y los beneficios
los ha donado a MdN-Belgrado, por lo que servirán para la edición de algún trabajo de este grupo.
Información proporcionada por Yolanda Rouiller, roal@nodo50.org, coordinadora de la red de Mujeres de Negro en el estado federal de España...
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