{"id":2154,"date":"2013-06-16T19:51:25","date_gmt":"2013-06-16T19:51:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/?p=2154"},"modified":"2013-06-16T23:06:01","modified_gmt":"2013-06-16T23:06:01","slug":"cumbres-de-tomillo-y-viento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/?p=2154","title":{"rendered":"Cumbres de tomillo y viento (Sobre el amor)"},"content":{"rendered":"<p>Vi la copa de vino blanco sobre la mesa, pero no pod\u00eda dejar de trabajar. Estaba agotada y sin embargo segu\u00eda leyendo, sopesando, evaluando. Cuando sobrepaso el l\u00edmite del cansancio, la sobreexcitaci\u00f3n intelectual puede ponerme dif\u00edcil el poder detenerme a descansar.<\/p>\n<p>Sin embargo, en la tele, de pronto me estrell\u00e9 con una obra de arte. Me lleg\u00f3 bronco y rotundo el aullido del viento del campo ingl\u00e9s, cargado del aroma del seco tomillo y de la tierra mullida h\u00fameda. Era una historia de amor en un mundo enemigo del amor, y sin dejar de o\u00edr el viento raspando entre el brezo me sent\u00e9 a la mesa a cenar con A., que se sentaba en aquel momento, al tiempo sent\u00e1ndonos los dos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbresborrascosas.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-2157 alignright\" alt=\"cumbresborrascosas\" src=\"http:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbresborrascosas-300x168.jpg\" width=\"300\" height=\"168\" srcset=\"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbresborrascosas-300x168.jpg 300w, https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbresborrascosas.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Una pel\u00edcula del siglo 21 que, a trav\u00e9s del sonido y la fotograf\u00eda, hab\u00eda captado algo fundamental, \u00e1spero y salvaje, de un libro escrito en el siglo 19. No hablo de la historia precisamente, m\u00e1s de la vivencia.<\/p>\n<p>Como me tengo cerca, exploro el oscuro universo de mi mente de cuando en cuando, por ejemplo, a veces los sue\u00f1os, para ver si all\u00ed puedo encontrarme con mis muertas, porque tengo muertas y no soy creyente, a veces es demasiado duro echarlas de menos. No he logrado nada de lo que imagino ser\u00eda posible a\u00fan, pero tambi\u00e9n es cierto que no soy met\u00f3dica. El m\u00e9todo, espero, lo podr\u00e9 aplicar si llego a la edad anciana, cuando deje de distraerme con todo y con nada. El otro gran viaje a mis oscuridades y centellas lo he hecho en busca de una comprensi\u00f3n del impulso creativo, de cu\u00e1ndo la comprensi\u00f3n de algo establece conexiones desconocidas y adem\u00e1s sorprendentemente encuentran expresi\u00f3n precisa, y las palabras fluyen como si te fuera en ello la vida.<\/p>\n<p>Durante la cena le cont\u00e9 a A. lo que estaba comprendiendo entonces del amor y de la guerra, como el rayo me lleg\u00f3 la comprensi\u00f3n de los cinco minutos de Amanda, y en sus ojos, los de A., que me escuchan callados e intensos, como en un espejo, vi que el alcohol hab\u00eda aguzado mis sentidos y mis capacidades, y que era interesante. Creo que me perd\u00ed el segundo plato porque vol\u00e9 al ordenador, y me puse a escribir en esa casa que comparto en el c\u00edberespacio.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n es \u00e9sta: varios cr\u00edmenes de la guerra no han llegado a los libros de los padres. No est\u00e1n las torturas indescriptibles a mujeres, y no est\u00e1n (y nadie las echa de menos salvo sus protagonistas que, inexistentes para el resto, es decir, enterradas por el resto, guardan silencio) son las historias de amor que no fueron. Como si no importaran.<\/p>\n<p>S\u00f3lo importa probar continuamente que amar es sufrir, que amar es sacrificio. No importa nunca nada que amar no sea m\u00e1s que amar, algo positivo que somos capaces de vivir y generar.<\/p>\n<p>Si no protegemos el amor, \u00bfc\u00f3mo vamos a dejar de fomentar la violencia? \u00bfEs falta de inteligencia, o es que no sabemos amar ni queremos aprender porque nos falta ganas de vivir, coraje para vivir?<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbres-borrascosas-wuthering-heights-018.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-2159\" alt=\"cumbres-borrascosas-wuthering-heights-018\" src=\"http:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbres-borrascosas-wuthering-heights-018.jpg\" width=\"640\" height=\"424\" srcset=\"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbres-borrascosas-wuthering-heights-018.jpg 800w, https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/cumbres-borrascosas-wuthering-heights-018-300x198.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vi la copa de vino blanco sobre la mesa, pero no pod\u00eda dejar de trabajar. Estaba agotada y sin embargo segu\u00eda leyendo, sopesando, evaluando. Cuando sobrepaso el l\u00edmite del cansancio, la sobreexcitaci\u00f3n intelectual puede ponerme dif\u00edcil el poder detenerme a descansar. Sin embargo, en la tele, de pronto me estrell\u00e9 con una obra de arte. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[132,4,14],"tags":[63,191],"class_list":["post-2154","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-libro-del-bien","category-pensamientos-thoughts","category-telly","tag-amor","tag-inspiracion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2154","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2154"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2154\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2158,"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2154\/revisions\/2158"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2154"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2154"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.mujerpalabra.net\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2154"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}