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Feminicidio en Centroamérica: Facetas Visibles y Oscurecidas
Por Diana García |
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12. El miedo, la inseguridad y el amarillismo
De esta industria del miedo, la inseguridad y el amarillismo han participado también los medios de comunicación. Sin duda, las cifras del feminicidio han aumentado en el país y también el grado de la violencia ejercida. Distintos informes registran que en un 20-25% de los casos hubo señales de tortura, mutilación, estrangulamiento u otras formas de violencia extrema. El informe de la URNG señala que en un 28% de los casos se dio la violencia sexual.
En medio de la diversidad de intereses y de actores, la prensa nacional e internacional suele muchas veces recurrir a las versiones más descriptivas, generalizándolas de manera cotidiana. Esta generación del miedo y del temor a través de distintas fuentes, va condicionando una conducta de inhibición y de desmovilización de las acciones comunitarias, va restringiendo cada vez más los espacios de encuentro de lo colectivo. En sintonía con esto, Muralles y Lacayo destacan la posibilidad de que ante el empobrecimiento y falta de perspectivas socioeconómicas para las clases populares, sin que los organismos de seguridad se desgasten, “el sistema fomenta y permite mecanismos de autoeliminación de la población a la cual considera desechable y potencial gestora de reacciones o movimientos sociales de protesta”.
Desde una lectura de los costos y de la magnitud de la violencia, uno de los centros de investigación guatemaltecos de corte neoliberal bajo el auspicio del Banco Mundial constataba en 2002 que la pobreza era una condición insuficiente para explicar la generación de la violencia. Y apuntaba a esta pista: “Más que observarse que individuos pobres ataquen a otros que cuentan con un mayor nivel socioeconómico, lo que puede observarse son jóvenes de escasos recursos matándose entre sí”.
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