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Feminicidio en Centroamérica: Facetas Visibles y Oscurecidas
Por Diana García |
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10. ¿Las maras o el crimen organizado?
“Antes en los barrios se escuchaba de la muerte de mujeres por sus maridos o por la violencia delincuencial, pero no de la manera en que se habla ahora”. Desde el sentir, pensar y acompañar a jóvenes y adolescentes de los barrios y colonias, y como protagonista de múltiples intentos de cambio desde hace muchos años, José hace así una de las lecturas más frecuentes de un problema que “desde que recuerda estuvo ahí”. Sólo un momento después nos hace ver que “de eso no hablaban los periódicos”.
¿Qué ha cambiado? ¿Por qué hoy son más estas muertes? ¿Por qué ellas? ¿Por qué con tanta saña? Éstas, entre otras, son algunas de las preguntas que nos deja sin responder uno de los informes más valiosos realizados hasta la fecha con relación al feminicidio en Guatemala. En el trabajo, realizado por Myra Muralles y Violeta Lacayo en el 2005 para la bancada parlamentaria de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), se analiza una diversidad de actores, intereses, lógicas y posiciones desde los que se puede estar dando la muerte violenta de mujeres.
El informe da cuenta de cómo mientras la Policía Nacional enfatiza la responsabilidad de las maras y pandillas juveniles, tal y como se puede constatar en la prensa escrita, el Procurador Sergio Morales considera más bien la hipótesis de que los asesinatos respondan a “una cuidadosa planificación” propia más de las estructuras y modos de accionar del narcotráfico y el crimen organizado que de las maras juveniles. Esto coincidiría con los análisis realizados para otros contextos con relación a la violencia, en los que se destaca el papel que juegan el crimen organizado, el narcotráfico y el tráfico de armas en el control de cada vez más parcelas del territorio urbano y en el aumento de las acciones violentas.
Desde la PDH se enfatiza la importancia de llegar a desarticular los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad que se han incrustado también en el Estado. Es aquí donde comienza a marcarse una de las fronteras entre las responsabilidades materiales e intelectuales de los delitos, ya que mientras puede reconocerse -a partir de la descripción de los hechos- que las maras participan en la ejecución de una serie de asesinatos, no siempre responden éstos a sus lógicas internas, llegando a funcionar muchas veces de manera articulada, pero también instrumental con relación a otros actores e intereses.
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