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  Feminicidio en Centroamérica: Facetas Visibles y Oscurecidas
  Por Diana García
 
03. Cada vez más expectativas y cada vez menos oportunidades

Está claro que los registros de las distintas fuentes se intersectan y que la realidad que estamos experimentando es tan dura como compleja. ¿Quizá, de formas menos visibles, también la niñez y la juventud estarán siendo abatidas por la irresponsabilidad del Estado y una alta “tolerancia” social ante niveles tan indiscriminados de violencia? ¿Podrían estas muertes violentas de menores entrar en lo que podemos definir como feminicidio? ¿Existen relaciones de poder entre los géneros o intra-género que las podrían estar “justificando”? ¿Contamos con las evidencias suficientes para descartar esa posibilidad?

El patriarcado, como una forma de ejercer el poder y de someter simbólica, física y materialmente a las mujeres para garantizar su reproducción, no podría restringir su dominio sólo a esa “otra” biológicamente diferente y generacionalmente semejante. Para poder seguir existiendo el poder patriarcal busca incansablemente controlar y gobernar las energías, los tiempos, los espacios, los significados y las maneras permitidas del ser de las mujeres. También el de las niñas y el de las adolescentes y también el de los hombres de las nuevas generaciones.

Aún no contamos con suficientes investigaciones sobre el feminicidio en Guatemala, pero los distintos informes hasta ahora trabajados coinciden en que la mayoría de víctimas son mujeres jóvenes, que provienen de las clases populares, cada vez más empobrecidas. De los barrios, colonias y asentamientos de una ciudad, en la que mientras las expectativas y los espacios imaginarios tienden cada vez más, a expandirse, los espacios de vida y de seguridad se han restringido hasta llegar en muchos casos a desaparecer, como señala la historiadora Deborah Levenson.

Diferentes trabajos muestran que sin que la problemática haya dejado de afectar a las áreas rurales, su expresión más aguda se pone de manifiesto en las zonas urbanas, mal denominadas “rojas”; y que la versión más fácil de asumir, simple y hasta funcional a múltiples intereses, es la que pasa por atribuirle una mayor carga de responsabilidad a una juventud sistémicamente “restringida”, que nace fuertemente condicionada y a la que se le ha ido “criminalizando” cada vez más -como acción, no únicamente como reacción ni representación- a través de maras y pandillas.

Quizá la juventud tenga tanto que ver con nosotras, como nos atrevamos a pensar, corriendo el riesgo que posibilite el encuentro de lo común y lo diferente de nuestras identidades. Tanto como queramos unificar criterios y evitar la fragmentación de nuestros esfuerzos. Tanto como nos decidamos a tomar distancia de la estigmatización, criminalización y represión con que se está marcando a las nuevas generaciones.

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Feminicidio en Centroamérica: Facetas Visibles y Oscurecidas
Por Diana García


00. Introducción
01. Hipótesis, argumentos, razones...
02. Una clave: la niñez y la adolescencia
03. Cada vez más expectativas y cada vez menos oportunidades
04. ¿Un problema sólo de las mujeres?
05. Los liderazgos masculinos del movimiento social no las acompañan
06. El mismo crimen, diversas realidades
07. Cifras europeas, latinoamericanas, centroamericanas
08. ¿Coinciden nuestras realidades?
09. Guatemala: ineficacia, impunidad y muchas preguntas pendientes
10. ¿Las maras o el crimen organizado?
11. La seguridad nacional y la privatización de la seguridad
12. El miedo, la inseguridad y el amarillismo
13. ¿Dónde están los que mataron?
14. ¿Está la "hombría" en crisis?
15. Si no hacemos algo...

Publicado en Mujer Palabra en febrero 2007

Este artículo fue publicado en la edición de diciembre 2005 de la revista Envío y llegó a Mujer Palabra en el verano del 2006 gracias a la red de Mujeres de Negro.