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  Feminicidio en Centroamérica: Facetas Visibles y Oscurecidas
  Por Diana García
 
01. Hipótesis, argumentos, razones...

De acuerdo con la revista Gobernanza, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha situado a Guatemala a la cabeza de los países con un mayor número de homicidios de mujeres en América Latina. Teniendo ya ese récord, ¿hemos avanzado en nuestra comprensión de lo que está sucediendo? ¿Y en qué medida las estadísticas, los modos de operar que se describen y las hipótesis que se manejan están dando cuenta de lo que acontece? “El fenómeno” -en singular- se describe muchas veces como una “epidemia” que caracteriza a “estas sociedades en descomposición” o socioculturalmente machistas, que han dejado de tolerar que las mujeres “salgan a la calle”. Se nos dice que estas muertes “no son más” que la máxima expresión del uso, costumbre y normalización de la práctica cotidiana de la violencia contra las mujeres. Que el empobrecimiento agudizado en las últimas dos décadas por la aplicación de políticas neoliberales se desahoga en violencia por la frustración acumulada en los sujetos más vulnerables. Que la apropiación del cuerpo de las mujeres forma parte de las lógicas de territorialización de las pandillas o del crimen organizado. O que la postguerra, junto a las prácticas represivas que la acompañan, marcaría las herencias que por mucho tiempo aún acarrearemos. ¿Cuál de todos estos argumentos es realmente así?

Sabemos -como muchos análisis lo reflejan- que el contexto que ha posibilitado el incremento de estos crímenes se ha fundamentado en la irresponsabilidad del Estado y del sistema de justicia, al no investigarlos ni sancionarlos. El Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG) nos recuerda que la acción selectiva y criminalizante del poder punitivo del Estado no puede ni debiera considerarse como la institución encargada del combate y erradicación de la violencia. A la par, la corrupción, la impunidad y las redes delictivas incrustadas en las fuerzas de seguridad del Estado han sido también ampliamente señaladas por diversos sectores. Y las instancias sociales más cercanas al quehacer del sistema de justicia han denunciado y propuesto un sinnúmero de alternativas ante la crisis del sistema de justicia penal, asociada tanto a la crisis de la Policía Nacional como al colapso del sistema carcelario. El movimiento de mujeres también ha evidenciado en innumerables ocasiones la serie de trabas y vacíos que la legislación actual interpone aún para la persecución penal de los hechos de violencia contra las mujeres, legitimando así las prerrogativas del poder masculino en la sociedad guatemalteca. Se ha demostrado cómo las que podrían simplemente considerarse como “malas prácticas del sistema de justicia” son más bien formas de victimización secundaria y de “disciplinamiento” de lo femenino.

Los principales aportes de las mujeres organizadas, además de demandar la visibilización de la problemática y respuestas coherentes del Estado, son los esfuerzos que desde hace más de tres décadas realizan para desvelar los contenidos ideológicos con los que el patriarcado institucionaliza, legitima, justifica y naturaliza los actos de violencia contra las mujeres.

Habiendo contribuido que la sociedad tome conciencia de que los sistemas de registro e información oficial no llegan a reflejar las dimensiones ni la magnitud de estos crímenes, la mayoría de los medios de comunicación continúan haciendo un uso poco responsable de la información. La saturación de determinados mensajes, y el manejo que muchas veces dan a los datos, no sólo han elevado la percepción de inseguridad y vulnerabilidad entre las mujeres, sino que han alimentado el grado de generalización, confusión y simplificación sobre una realidad social muy compleja.

Nuestras carencias se nutren también de esfuerzos investigativos y analíticos de carácter multidisciplinario y multisectorial que nos permiten identificar con más claridad tanto a los diferentes actores, como los distintos niveles de responsabilidad con los que cada uno de ellos y nosotros participamos.

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Feminicidio en Centroamérica: Facetas Visibles y Oscurecidas
Por Diana García


00. Introducción
01. Hipótesis, argumentos, razones...
02. Una clave: la niñez y la adolescencia
03. Cada vez más expectativas y cada vez menos oportunidades
04. ¿Un problema sólo de las mujeres?
05. Los liderazgos masculinos del movimiento social no las acompañan
06. El mismo crimen, diversas realidades
07. Cifras europeas, latinoamericanas, centroamericanas
08. ¿Coinciden nuestras realidades?
09. Guatemala: ineficacia, impunidad y muchas preguntas pendientes
10. ¿Las maras o el crimen organizado?
11. La seguridad nacional y la privatización de la seguridad
12. El miedo, la inseguridad y el amarillismo
13. ¿Dónde están los que mataron?
14. ¿Está la "hombría" en crisis?
15. Si no hacemos algo...

Publicado en Mujer Palabra en febrero 2007

Este artículo fue publicado en la edición de diciembre 2005 de la revista Envío y llegó a Mujer Palabra en el verano del 2006 gracias a la red de Mujeres de Negro.