|
|
|
 |
|
|
 |
|
| |
|
|
| |
Traducciones
y reflexiones
|
|
|
|
MOFETAS
El
poder de evocación de la palabra "mofeta" es inmenso.
Y si se piensa, sorprende porque... ¿quién ha visto
en toda su vida una mofeta?, ¿acaso alguien las ha olido alguna
vez? Sin embargo, sabemos que apestan, y que eso hace que todo ser
viviente corra despavorido lejos de ellas. En esta idea radica su
poder expresivo.
Al final del día llegas a casa emanando los vapores secos de
un tufo penetrante a sudor... Eres una mofeta.
Llevas
una semana en la cama, sola, sudando un gripazo africano, y al fin
te levantas, como para reingresar en la vida cotidiana. Te miras.
Lo notas. Estás mofeta.
Desde
el viernes llevas 75 horas en pijama. Sin ducharte. Auténtica
mofeta. Y si entonces te proponen una caña, ¡NO VAS!
Renuncias, humilde, al momento más reconfortante de la vida.
Pero, ay, existe otro campo de aplicación del concepto mofetil
más trágico, complejo y abstracto. Se trata de la idea
"Efecto mofeta". Para que se produzca el efecto mofeta son
necesarios tres ingredientes:
un montón de gente,
una mofeta potencial
y una situación chunga. (Por ejemplo, una sala de espera de
ambulatorio; la cola interminable de la oficina de empelo del barrio,
o de un banco a principios de mes; un vagón atestado de gente
--toda ella bastante mofeta ya--, o una reunión en la que lo
único que le gustaría a sus miembros es estar muy lejos
de allí.)
Observemos el proceso: Primero,
la gente se remueve en su piel. Segundo,
gradualmente, se empiezan a oír quejas. Fase
Socialización 1: se forman pequeños grupos de
gente que se queja. Fase Socialización
2: se forma El Gran Grupo, el cual, al darse cuenta del peligro
que tiene, empieza a quejarse con un tono amenazante de reivindicación
destructiva.
CLÍMAX: Equis, la potencial mofeta,
entra en acción. ¿Por qué? No se sabe si por
ingenuidad, por espíritu revolucionario o por pura lógica.
El caso es que pretende facilitar que el impulso se convierta en una
reivindicación constructiva. Recogiendo las ideas del grupo,
Equis alienta el análisis y propone, por ejemplo, algo que
puede hacer cualquiera, una acción de presión ciudadana,
una reclamación.
Consecuencias: la mayoría más
agresiva o ruidosa, atónita, mira a Equis de reojo. No comprende
los motivos personales, las intenciones de la mofeta potencial, y
sí comprende bien que una cosa es quejarse y otra distinta
luchar. Entonces empieza a desconfiar. Gradualmente, bajan el volumen
y, como distraídas, se van como alejando... ¡Vamos, que
se esfuman!, y Equis, que intentó darle una bonita forma a
aquel quejido indignado, queda en el centro de ningún lugar,
absolutamente sola. Absolutamente mofeta.
ESTO ES el efecto mofeta.
Y
tú, que estabas allí, que lo viste todo, que estabas
de acuerdo con las quejas y que no te gustaban los gritos, que prestaste
mucha atención al interesante análisis que iba emergiendo
y sentiste ánimo de lucha ante la propuesta de acción,
estás triste porque
todo
acabe así.
Y no sabes si irte, pero el caso es que te vas yendo. Aunque
en realidad tienes un inmenso poder: el de pronunciarte. Siquiera
para invitar a una caña a la desolada mofeta y así
redactar, juntas, aquella reclamación tan necesaria y
tan bien fundada.
Pie de foto:
Son Trasan, Silver, y Trollet, y viven con Mia y Tord en Suecia.
Foto tomada de la galería de fotos de La Central de las
Mofetas (Ferret
Central) |
|
|
|
|
| |
|
|
|