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SUERTE
Cuando
di un paso, cayó sobre el aire que yo había ocupado
el plomizo cuerpo de un Jaguar de la Muerte;
esquivé, sin saberlo, al Destripador de las Rosas,
al Violador de las Calles Manchadas,
a miles de hombres pequeños como cabezas de alfileres
de una extraña y estremecedora ceremonia vudú.
Tampoco pisé la cárcel, aunque ellos intentaron lapidarme de silencio,
enterrarme en vísceras de cerdo, golpearme con palabras.
Tuve suerte, nadie me protegía; tuve mucha suerte,
y un poco de olfato de hiena sabia y lechuza lunar.
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