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Poemas sin libro

 
EL MAR ES NEGRO, LA MUERTE ES BLANCA
(Julio 2006)

Pesaba muy poco
cuando lo alzaron dos hombres,
por suerte, bien alimentados.

El hombre africano:
el negro nocturno, un vacío tragándose el mar;
el blanco de la espuma seca y la sal en la boca,
de los grandes ojos abultados por el espanto.

Éste es el mundo que ha creado nuestra especie,
por maldad
o por falta de inteligencia, no sé.

REBELDES

Por nuestra mirada de bruma y fuego

pasan los hechos históricos como desconocidos
y palpitan rebeldes los pasos del mundo,
las noches insomnes y el plácido sueño,

la fiebre del café,

la conversación en la espuma de la cerveza,
todas las cosas. Y ya sé,
aunque siempre quede menos tiempo,
que no es cuestión de edad;

aunque te aten y te vistan de guerrero,
que ves las hojas y el aire limpio y también
el polvo, las piedras y el hambre,
que ves todas las cosas reales

a pesar de la historia y sus malos sueños.


SUERTE

Cuando di un paso, cayó sobre el aire que yo había ocupado
el plomizo cuerpo de un Jaguar de la Muerte;
esquivé, sin saberlo, al Destripador de las Rosas,
al Violador de las Calles Manchadas,
a miles de hombres pequeños como cabezas de alfileres
de una extraña y estremecedora ceremonia vudú.
Tampoco pisé la cárcel, aunque ellos intentaron lapidarme de silencio,
enterrarme en vísceras de cerdo, golpearme con palabras.
Tuve suerte, nadie me protegía; tuve mucha suerte,

y un poco de olfato de hiena sabia y lechuza lunar.
 

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