Tras
robarme mi cámara de fotos en El Rastro
Madrid 1987
Vaciando el mundo
sólo quedaría los innumerables o incapacidades
en el entorno, un entorno frío y sin un aliento
clandestino al cual poder acudir. Unas sombras intactiles
sombrean el asfalto del duro suelo, producidas por
focos fogueantes sin un punto solar donde podamos
apoyar. La gente robotizada acude sin acudir y a la
vez acudiendo a sus nichos hogareños reflejados
por luz artificial con vestimentas medievales de un
color rojizo bastante flameante.
¿Dónde? ¿Cómo? ¿Dónde?
son preguntas hechas sin respuesta alguna, preguntas
con una posible respuesta en un lugar y en una época
arcaica.
Ahora no son necesarias las respuestas sólo
el hodor del espíritu ajeno que la gente expulsa
sin saber.
La explosión de los explotados explotan sin
reventar, ¿vale de algo la vida inerte sin
estandarizar a aquellos enemigos en el caos social?
De vez en cuando la libertad de uno mismo eclipsa
sobre unas estaciones sin luz, un recuerdo de variación
rebosa en la humildad de los seres sin sentidos. Las
razas inexistentes alcanzan la penumbra rebotada en
una pared, realidad incondicionada sin poderlas asumir.
La posible existencia de unos instrumentos, no claros
y sin poderlos acumular llevarán a una variación
no tocada por la víboras acordes del despertar.
¿Es necesaria la explicación de lo no
explicado por seres animales ya inanimados? Las cucarachas
pisoteadas por los sollozos de un niño, sales
a la cumbre terrestre sin vegetación y sólo
podrán absorber las lágrimas saladas
de aquellos lagrimales tardíos en el hueco
ocular.
¿Es posible una sensación sin un amor
a mano para el desenlace final?
Afirmar, negar, ignorar, controlar, ridículos
contrastes, por los cuales llegar, sin final o sin
desenlace.
Hubo un engaño
que carcomió las mentes, una resignación
les invade en lo hondo de su corazón metalizado.
VIVIR o MORIR
Agonía
11 de septiembre de 1987
La vida es la
continuación de lo inacabado.
Por eso las personas mueren deformes.
El tiempo les arroya, sin opción a levantar
cabeza.
La respiración es artificial, lenta.
El corazón palpita palpítamente. Los
brazos cansinos se hunden sin poder reaccionar. Las
piernas inválidas llenas de lodo, no dejan
caminar.
Vemos la orilla y nos hundimos, somos pequeños
ante la inmensidad de lo natural.
Una tormenta se avecina, unas ramas secas cupen nuestro
rostro. Al reventar las nubes, los oídos gozan.
Los párpados se cierran con la fuerza del agua.
Un tronco cercano quiere acercarse a mí. El
tiempo lo retira. La respiración se agota.
La orilla, donde creía que encontraría
mi salvación; logró ser un cementerio
de cadáveres. No existe SALVACIÓN, la
Tierra huele mal. Se está PUTREFACTANDO.
Madrid, septiembre 1987
La vida cotidiana
despedaza la perfección de la mente. Te olvidas
de lo mucho que un cerebro puede coordinar. Entrando
en una especie de éxtasis, y de placer ensimismado,
ésta sensación se destruye con la proximidad
de la rutina, los trabajos sedentarios, aburridos,
la inercia de todos los días; nos capan la
posibilidad de un orgasmo pensativo, un gusto por
la libertad de una cabeza, dejando a la gente que
te contemple y sienta la misma sensación caritativa
y genial.
5 - XII - 1987
Pero por que
¿qué? No hay que, que valga.
Sólo que, qué bien. Por qué ¿Por
qué? Todo tiene un qué y un porqué.
Pero se vive bien sin preguntas. A veces la ignorancia
te llega llegar a la felicidad. ¿Qué?
¿qué es la felicidad?
Basta de preguntas. No he estado en Sasamón
para yo hacerlas. Pero ¿pero qué? Las
sensaciones bastan, a los bastardos. Respetamos, respetemos,
respiremos.
Pero, pero ¿qué? El ambiente agónito
nos lleva a la destrucción. No te destruyas
sin materia. La materia bien utilizada te hace pensar
y llevar una vida.
Vida ¿qué? No sabemos nada. Vida, palabra
aún no descifrada por nadie. Compuesta de cuatro
letras, o siglas: verdad, interés, dominio,
alucine. Todos, o al menos las personas con vértices
redondeados, viven o vivimos en un pedo continuo.
Es mejor no darte cuenta de lo que es, sin saber la
real solución. Es mejor artificiar, jugar,
y sobretodo actuar... Esto nos conlleva a una sinceridad
íntima, una vida no seria, pero muy muy llevadera.
Llévate bien, podrás llegar a ser un
círculo no un cuadrado de mierda.
Fafarrancha
de valores
Abril de 1989
Algún
día explotaré y arrepentimientos traeré.
Los valores se quedan en oriones y la escala en la
cala. ¿Qué son cuatro palabras, si la
gente sólo entiende las fafarranchas?
Busca solución y encontrarás
buena intención
7/V/1990
Había
una vez un príncipe que buscaba un laberinto
de intenciones. Anduvo durante meses sin encontrar
camino ni medios coherentes para su buen fin. Un perbiturín
se le acercó, y con su mirada titubeante le
sugirió seguir su destino bastante ingrato
para el pobre niño cruel, que sin él
saberlo necesitaba limpiar su corazón con hojas
de lechuga. Siguió las recomendaciones de aquel
andarín. Agotado por el éxtasis del
calor encontróse con Benjamín, una niña
muy estrellada con ojos azules violeta y díjole
con las orejas: "Si has de encontrar intención,
haz que mis alas den un volantón". Principín
no hizo más que su voluntad, y sin más
Benjamín echóse a volar, con sólo
una mísera intención del querubín.
El laberinto
se hallaba lleno de hojas en la lejanía de
un destino. Principín comíose antes
de llegar materia inerte para sus futuras fuerzas
eternas. El laberinto de intenciones era la entrada
del destino de la eternidad. Quien lograse encontrar
bien la salida hallará la muerte divina, una
relajación y paz interior se incrementará
en los cuerpos transparentes de seres aún sin
identificar. Principín se acerca a la buena
salida del laberinto, y una mosca molesta en los ojos
le cegó, y díjole: "No, aún
no hay mala intención en ti, vuelve y busca
el laberinto de las soluciones". Principín
se tocó, y su piel que ya apenas se veía,
convirtíose de nuevo en carne, sólo
necesitaba encontrar el nuevo laberinto, encontrar
sus soluciones y poner sus mejores intenciones.
Todo así
lo hizo, y feliz fue Principín, convertido
en cenizas, volando por el aire. Y con gran disfrute
los moculandos respiraron y contaminaron.
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