Bibliotecas de mujeres en red: Preservar nuestra memoria desde el feminismopor Lola Robles(Biblioteca de Mujeres)para las Jornadas
Feministas de Córdoba, 2000
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Palabra
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Toda la historia de la lucha por la autodeterminación de las mujeres ha sido ocultada una y otra vez. Uno de los obstáculos culturales más serios que encuentra cualquier escritora feminista consiste en que, frente a cada trabajo feminista, existe la tendencia a percibirlo como si saliera de la nada, como si cada una de nosotras no hubiera vivido, pensado y trabajado con un pasado histórico y un presente contextual. Ésta es una de las formas por medio de las cuales se ha hecho aparecer el trabajo y el pensamiento de las mujeres como esporádico, errante, huérfano de cualquier tradición propia
Adrienne Rich, Sobre mentiras, secretos y silencios
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Por qué una biblioteca de mujeres es una pregunta a la que he tenido que responder muchas veces, y en la mayoría de los casos, como se puede suponer, por qué de mujeres. Sin embargo aquí y en este contexto, donde ese de mujeres no necesita justificarse, sí quiero explicar por qué una biblioteca. Comenzaré con nuestro origen. En 1987 contacté con el Grupo de Feministas Independientes, que se reunía en la calle Barquillo 44, 2º izda, un local que han compartido y donde han desarrollado sus actividades diversos grupos del Movimiento Feminista de Madrid a partir de 1975, y que quizás a estas alturas ya se pueda calificar como histórico. Justo en ese momento las Mujeres Independientes habían dejado de funcionar como grupo, pero una de sus integrantes, Marisa Mediavilla, había iniciado, dos años antes, el proyecto de crear una biblioteca de mujeres a partir de su propia biblioteca particular. El proyecto nació ante la inexistencia de centros públicos especializados en el tema. Eso suponía que la información necesaria para cualquier tipo de trabajo o investigación sobre mujeres estaba dispersa, perdida en fondos generales, o no existía. Localizarla y reunirla constituía un esfuerzo enorme, que debía repetirse una y otra vez. Se trataba, por tanto, de crear un espacio donde la información pudiera acumularse y ser recuperada y difundida posteriormente. La finalidad de la Biblioteca era, así, reunir, organizar, conservar y difundir el mayor número posible de documentos sobre la mujer y de la producción literaria escrita por mujeres (entendiendo por documentos: libros, publicaciones periódicas, literatura gris, folletos, carteles, fotografías, etc., es decir, cualquier tipo de material librario o no librario, tanto feminista como femenino y antifeminista), y también la documentación producida por el Movimiento Feminista. La Biblioteca quería ser también un espacio agradable, de fácil acceso y sin trabas burocráticas para todas las mujeres, sobre todo para aquellas que por su falta de recursos o formación no pueden o no se atreven a acercarse a los centros públicos. Ese no atreverse resulta muy significativo: si las mujeres hemos tenido miedo a entrar en las bibliotecas puede deberse a que las considerábamos espacios del saber que nos estaban vedados, en los cuales no sabíamos manejarnos para encontrar un libro, y donde el personal podía provocar más temor aún: yo recuerdo que, cuando estudiaba Filología en la Universidad, la Biblioteca Nacional tenía fama de contar con unos empleados tan antipáticos que acudir allí suponía un inevitable mal trago. Un modo muy eficaz de fomentar la cultura. Para mí, que había estado errando por las asociaciones más diversas, integrarme en el trabajo de la biblioteca supuso un modo de unir el feminismo y mi afición a los libros. Y además me permitió conocer la literatura escrita por mujeres, prácticamente excluida entonces en la enseñanza oficial, incluida la universitaria. Como filóloga, me asombraba no haber oído ni siquiera nombrar a tantas autoras como iba encontrando en la biblioteca. Quince años después, la situación evidentemente ha cambiado: la difusión de la literatura escrita por mujeres es mucho mayor, y a lo largo de este tiempo, la colección de la Biblioteca, que al principio sólo ocupaba un par de estanterías en un pequeño espacio del local de Barquillo 44, ha aumentado hasta llegar a tener 15.000 volúmenes aproximadamente. Ese aumento lo hemos conseguido mediante donaciones (de editoriales, mujeres particulares, organismos oficiales...), nuestra aportación económica personal (sobre todo de Marisa para adquirir libros antiguos, conseguidos en librerías de viejo, en el Rastro, Ferias del Libro...), y subvenciones. Para acceder a subvenciones, la única posibilidad que teníamos era constituirnos en asociación, ya que no existía una estructura apropiada para nuestro caso: una biblioteca de uso público, especializada en el tema de mujeres, no oficial ni dependiente de ninguna otra entidad ni organismo. En 1989 nos legalizamos como asociación no lucrativa de ámbito local, y durante tres años recibimos unas pequeñas ayudas económicas de la Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid. En 1991 nos transformamos en asociación de ámbito estatal, ya que parte de nuestras actividades (adquisición y difusión de fondos e información bibliográfica) las realizábamos también fuera de Madrid. A partir de 1993, el Instituto de la Mujer nos concede una subvención anual para la realización de determinadas actividades como conferencias y talleres, y para lo que se denomina "mantenimiento y funcionamiento de la asociación". De ahí dedicamos una parte a la compra de libros. De cualquier modo estas subvenciones han sido siempre de escasa cuantía, y no nos han permitido contar con personal asalariado, ni la ampliación del horario de atención al público (sólo martes y jueves de 18 a 22 h.), ni siquiera la automatizacion de la biblioteca. Además está el problema que suponen las propias subvenciones en sí, debido al aumento por parte de la Administración de las exigencias para su solicitud y gestión, lo que está obligando a pequeñas entidades como la nuestra a una especialización administrativa y fiscal de la que carecemos, y a dedicar buena parte de nuestro tiempo a la burocracia. Durante 12 años, de 1985 a 1997, la Biblioteca permanece en el local del Movimiento Feminista de Madrid de la calle Barquillo 44. Pero debido al aumento de los fondos, ese espacio se va haciendo cada vez más insuficiente. Todos nuestros intentos por conseguir un local propio hablando con los organismos oficiales fueron inútiles, aunque eso no resulta extraño si se tiene en cuenta que en nuestro país las instituciones siguen sin apoyar suficientemente -cuando no muestran el desinterés más absoluto- por las bibliotecas públicas en general, no digamos ya las especializadas en el tema de las mujeres. El problema de la falta de espacio es el que nos lleva, en 1997, a entablar contacto con el Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid, una entidad formada por representantes de las asociaciones de mujeres de la Comunidad, con quien establecemos un convenio de colaboración por 10 años. El Consejo nos ofrece compartir su local, y medios materiales como fotocopiadora, fax, un equipo informático básico, correo electrónico... Así, después de 12 años de estancia en Barquillo 44, nos trasladamos a la sede del Consejo, en la calle Villaamil 12, donde continuamos ahora, aunque se trata de una estancia transitoria, a la espera de conseguir un local definitivo que responda a las necesidades de una biblioteca. Recojo de nuevo las palabras de Adrienne Rich con que he comenzado: cuando ella dice que "frente a cada trabajo feminista, existe la tendencia a percibirlo como si saliera de la nada, como si cada una de nosotras no hubiera vivido, pensado y trabajado con un pasado histórico y un presente contextual. Ésta es una de las formas por medio de las cuales se ha hecho aparecer el trabajo y el pensamiento de las mujeres como esporádico, errante, huérfano de cualquier tradición propia". Al crear una biblioteca de mujeres, efectivamente nos hubiera servido de mucho tener referencias históricas de otros proyectos similares nacidos del feminismo. Ha sido años después cuando hemos conocido la existencia de bibliotecas feministas en Europa. Incluso ahora, mirar hacia ella puede hacernos reflexionar sobre la diferente situación que han tenido y tienen las bibliotecas especializadas en otros países y en España. Algunos ejemplos: En 1926 se creó en Londres The Fawcett Library, por la London Society for Women's Service, que posteriormente pasó a pertenecer a la London Guildhall University, y en abril de 2001 se convertirá en The National Library of Women. Tiene un fondo de 60.000 vols., en el que destaca una importante colección histórica. La Biblioteca Marguerite Durand, de París, fundada en 1931 con su colección particular por esta periodista y feminista francesa, cuando donó dicha colección al Ayuntamiento de la capital.Cuenta hoy con unos 30.000 volúmenes, y forma parte de las bibliotecas municipales de la ciudad. Su colección histórica es también muy valiosa. En Amsterdam, en 1935, aparece el IIAV (International Information Centre and Archives of the Women´s Movement), fundación privada que en la actualidad recibe subvenciones del gobierno holandés. Es un centro básico para el intercambio internacional de información sobre el Movimiento Feminista, y miembro de las redes internacionales de información sobre mujeres. Sus fondos superan los 65.000 volúmenes. En Copenhague se encuentra el KVINFO, fundado en 1964 gracias a la donación de la Sociedad de Mujeres danesas. Actualmente forma parte de la Biblioteca Nacional de Dinamarca. Todos estos centros europeos son apoyados por sus Estados, que los sustentan económicamente, respetando su independencia y la finalidad para la que fueron creadas, y son reconocidos como espacios fundamentales de información e investigación sobre las mujeres. En nuestro país queda mucho por lograr ese reconocimiento y conseguir centros semejantes a los europeos. Y sin embargo, la primera biblioteca de mujeres de Europa surgió en Barcelona: la Biblioteca de la Dona, de Barcelona, creada en 1909 por Francesca Bonnemaison. Actualmente forma parte de la Red de bibliotecas públicas de la Diputación de Barcelona, con una parte de sus fondos especializada sobre mujeres y un presupuesto específico para ella. En 1977, también en Barcelona, se crea el Bar-biblioteca feminista LaSal, como un espacio de encuentro, información y actividades, y con la ambición de convertirse "en un centre d'informació i documentació, a més d'un àmbit afavoridor del desenvolupament de projectes culturals i socials lligats al compromís feminista. Es pretenia que la biblioteca, que va a començar a funcionar gràcies a donacions, i que va arribar a comptar amb 400 volums, es convertís, en un futur no gaire llunyà, en una biblioteca especialitzada en temes concernents a la dona, seguint l'estil de la biblioteca Marguerite Durand, que ja funcionava a París". Aunque la vida de la biblioteca fue corta (2 años) merece la pena tener en cuenta su propuesta de biblioteca feminista (para más información está el artículo "LaSal, bar-biblioteca feminista: un espai per a la utopia" de Elsa Plaza, ponencia presentada en las Jornadas 20 anys de feminisme a Catalunya). Actualmente en España las bibliotecas y centros de documentación ligados al Movimiento Feminista estamos unidas en la Asociación "María Moliner", integrada por 7 centros ("Alecrín", de Vigo; el Centro de Documentación y Estudios de la Mujer de Bilbao; la Biblioteca de IPES Elkartea, de Pamplona; la Biblioteca "Rosa Chacel" de Valladolid; la Fundación 8 de Marzo, de Mérida; el Centro de Documentación de Vindicación Feminista, de Madrid, y esta Biblioteca de Mujeres). Además, formamos parte (junto a las bibliotecas y centros de documentación oficiales -de la Administración estatal y autonómicas-, y universitarios) de la Red de Centros de Documentación y Bibliotecas de Mujeres. La Red tiene su origen en las últimas Jornadas Feministas Estatales, de 1993, donde se realizó un taller sobre centros de documentación y bibliotecas especializadas. Allí se propuso celebrar un Encuentro al año siguiente, en Pamplona, organizado por la Biblioteca de la Mujer de IPES Elkartea. Ese 1º Encuentro estatal supuso un intercambio de experiencias entre centros que hasta entonces habíamos trabajado de manera aislada, sin apenas relación entre los oficiales y universitarios con los autónomos-feministas, y a partir de él empezó a funcionar la Red, cuya finalidad es la coordinación y colaboración permanentes entre sus integrantes. Desde entonces ha habido siete Encuentros más, anuales. Aunque el trabajo de la Red para consolidarse y conseguir una colaboración efectiva ha sido muy importante, lo cierto es que cumplir sus objetivos en la práctica plantea aún muchas dificultades, por la diversidad de los centros, y los problemas internos de cada biblioteca -escasez de personal, carencias económicas- que impiden que sus responsables puedan dedicar el tiempo y la labor necesarios para realizar plenamente esos objetivos. De cualquier modo, la precariedad se acentúa en el caso de los centros autónomos, sólo 7 entre los 37 que hoy integran la totalidad de la Red. Pero ¿qué importancia puede tener para el Movimiento Feminista implicarse en la creación y desarrollo de sus propias bibliotecas de mujeres? Creo, en primer lugar, que estamos hablando de la conservación de nuestra propia memoria feminista. Y voy a hacer un paréntesis necesario. Cuando, en 1999, la Fundación 8 de Marzo de Mérida me propuso preparar, para el 6º Encuentro de Centros de Documentación y Biblioteca de Mujeres, una charla sobre Librerías de Mujeres, me encontré con que prácticamente no había nada escrito sobre la historia de las librerías, cuyo nacimiento, trayectoria e incluso en algunos casos, desaparición, es uno de los testimonios más representativos de lo que ha sido la historia del Movimiento Feminista en nuestro país. Además en ellas se reúne y se da información documental, lo que las relaciona con las bibliotecas de mujeres. Plantear la importancia de que la historia del Movimiento Feminista quede por escrito parece obvio, y sin embargo deberíamos preguntarnos hasta qué punto lo hacemos o lo hemos descuidado. Desde luego, y volviendo a recordar los ejemplos europeos que antes he mencionado, es evidente que en nuestro país tanto las librerías como las bibliotecas de mujeres han aparecido muy tarde, sólo a partir de 1975, cuando el feminismo puede desarrollarse libremente (primero las librerías en el final de los 70, y luego bibliotecas y centros de documentación, fundamentalmente en la década de los 80): la existencia de estos centros durante el franquismo era impensable. Decir esto puede resultar igualmente obvio, pero no pondría yo la mano en el fuego por asegurar que dentro de algunos años se les recuerde a las nuevas generaciones que aquí hubo una dictadura y por ella un retraso cultural y social respecto a esa Europa en la que hoy al parecer estamos tan plena e igualitariamente integrad@s. Aprovecho para mencionar que en nuestra Biblioteca tenemos un buen número de obras sobre la situación y la educación de las mujeres españolas durante el franquismo. Pero no se trata sólo de la conservación de la historia del feminismo, sino de todas nosotras. Y es que una biblioteca de mujeres es mucho más que una biblioteca especializada. -Su objetivo fundamental es posibilitar el acceso a la información y la difusión de la misma para todas las mujeres. -Es un espacio destinado a reunir la cultura y el saber que las mujeres hemos elaborado a lo largo de la historia. -Su existencia es fundamental para recuperar y reconstruir nuestra identidad y nuestra memoria de género para las futuras generaciones de mujeres. -Sus fondos suponen una prueba incuestionable de la aportación de las mujeres a la literatura, la ciencia, el arte, la sociedad; un reconocimiento de esa historia nunca contada y esa presencia que se ha mantenido en el silencio y la invisibilidad. Desde el principio, quisimos también que nuestra biblioteca no fuese sólo una colección de libros, sino un lugar de encuentro donde se realizasen otras actividades para la difusión de sus fondos, y para dar a conocer la historia y la literatura de las mujeres. Y los hechos nos han demostrado asimismo que estas bibliotecas se convierten en espacios de intercambio entre nuestro trabajo y las usuarias. Nosotras les damos información pero ellas también nos la aportan, descubriéndonos temas, investigaciones y autoras de las que no teníamos noticia, y que volveremos a transmitir a las nuevas interesadas. Otra cuestión muy importante es el personal a cargo de las bibliotecas. Nuestro caso es muy especial, ya que desde el principio todas las mujeres que hemos trabajado en la biblioteca lo hemos hecho por nuestro compromiso feminista e interés personal en el proyecto, y sin retribución alguna: Marisa y yo como responsables fijas; una colaboradora permanente, María Bardera; y un largo número de colaboradoras esporádicas. Esto nos ha permitido mantener la independencia y libertad de actuación, pero también debemos reclamar el derecho a que nuestro trabajo sea retribuido, en cuanto se den las circunstancias oportunas, para que no termine por convertirse en el trabajo gratuito que siempre hemos realizado las mujeres. De cara al futuro, un requisito imprescindible para que la Biblioteca mantenga sus características y su finalidad, es que el personal que la organice y trabaje en ella comparta los presupuestos con que se ha creado. A este respecto son muy adecuadas las palabras de Marguerite Durand, la fundadora de la Biblioteca de Mujeres de París: "es necesario que se sepa bien que esta biblioteca es de un género especial y que no serviría de nada poner al frente de ella a alguien incapaz de alimentar la documentación que es nuestra razón de ser, y que limitase su trabajo a colocar los libros en los estantes y ordenar alfabéticamente las fichas de obras y autores". Cuando creamos la Biblioteca de Mujeres, una de nuestras intenciones básicas era que no se convirtiese en la biblioteca de un determinado grupo de mujeres, sino que el proyecto fuera asumido por el Movimiento Feminista como un proyecto propio, como su biblioteca. Aún partiendo de todos estos objetivos ideales, lo cierto es que, en el momento actual, con un fondo de unos 15.000 vols. que conlleva un trabajo cada vez mayor, la biblioteca necesita un local propio, un horario más amplio de atención al público, personal profesional asalariado y la informatización de los fondos. Y la única salida posible parece ser buscar la ayuda de las instituciones oficiales. Ante esa posibilidad, la cuestión que se nos plantea es cómo conseguir que ello no suponga una institucionalización de la biblioteca, cómo conservar nuestra identidad e independencia, algo que consideramos irrenunciable. |