TRISTE
JARDÍN
Ya
he dicho que la tristeza
como las cosas humanas
que me persiguen
es un arbolillo raquítico
con frutos de cuchillas.
Pero
aún así no puedo
evitar recorrer largamente
un bosque poblado
de arbustos retorcidos
punzantes y acerados.
Son
de hojas rojas y
ásperos como paredes
y tienen fríos punzones
y nervaduras recias
y un tallo enloquecido.
Crecen
en la linde del
camino, alimentándose
de lágrimas, creciendo
a base de bocanadas
de sollozos y suspiros.
De
lo que quedó por hacer
y nunca se hará, lo que,
hendiendo nuestra carne
como los puntiagudos
frutos, nos hará caer.
De
todo esto se nutren.
Pero ellos son desgraciados
y cuando cae la primera
manzana del día y se hunde
hacia el ocaso, oronda y dorada,
ellos lamentan su existencia.