PRIMAVERA
Es
cuando salgo
a esa calle
en la que termina
tu casa,
y noto esa brisa
y esa lluvia
que son
como una caricia tuya.
Es
en el momento,
después no me pasa.
Es cuando salgo de tu casa.
Porque
te veo, sí,
y quizás porque te quiero.
Quizás porque quiero
verte feliz
me cuelo por tus besos
de arena,
por tu fino tamiz.
Me gusta ese instante, diosa,
en el que rompes parte
de tu jaula luminosa,
y pierdes el control,
y sabes que cabalgarás
así, dulce y lastimosa.
Dulce,
como siempre.
Pícara, bastante,
y de cadera radiante
y siempre inquieta;
así me gusta recordarte.
Ligera,
como el aire,
preciosa,
de largo ardor
y larga sombra,
y umbría, y silenciosa,
y pirueta de alondra,
toda tú miel y risa;
y locura, y alegría
contenida;
Pero yo...
Te quiero.
A mi manera,
entre pájaros de hielo
y dentera,
y gritos que caen
de los edificios,
y noches tremendas
y gemidos
apenas suspirados
en mi oído,
y unos pocos minutos
de placer prohibido,
de destello, de súbito
amor desbordándose
entero,
yo, murmurando un:
te quiero, te quiero...