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CIENCIA FICCIÓN |
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Biblioteca de Relatos |
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El misterio de María Guera y Arturo Mengotti,
y sobre “Aborrece la sal”
Desde Mujer Palabra agradeceríamos cualquier noticia, pues nos gustaría poder traer a esta sección, Biblioteca de relatos, todos sus cuentos, que merece la pena volver a leer y son difíciles de encontrar en sus publicaciones originales. Por ahora nos hemos limitado a transcribir el cuento “Aborrece la sal”, para divulgar la obra de estos dos autores. Comentaré brevemente también otros relatos: “Herencia de sueños”, el cuento ya citado (uno de los mejores de Guera-Mengotti, aunque en mi opinión no necesariamente el que más; sin duda muy original sobre todo por el lugar donde transcurre parte de la historia, aunque ésa es una sorpresa que prefiero no desvelar) tiene como protagonista a Thur, un hombre perteneciente a una humanidad futura –o quizás podría decirse mejor post-humanidad) que ha abandonado la Tierra destruida y desolada para vivir en otra dimensión estelar: ahora se compone de seres más perfectos y espirituales (perfectos desde su punto de vista, claro). Como ellos, Thur es telépata y puede trasladarse instantáneamente en el tiempo y el espacio. No obstante él es distinto a sus compañeros, porque añora el pasado, la Tierra, las emociones, incluso las debilidades, defectos y miedos que los humanos tenían antes. Por eso regresa aquí. “Nosotros amamos la luz” es la continuación del anterior relato, y nos explica más sobre quién es Thur: es un cuento con un lenguaje muy sensorial, muy grato de leer para disfrutar del estilo. En “Si podéis penetrar en los gérmenes del tiempo”, Thur viaja al pasado de la Tierra; reaparece el tema del arte, de la pintura, ya tratado en “Herencia…” En cuanto a “No todo mi ser morirá” , la acción se sitúa en un monasterio medieval, al cual, una Nochebuena, llega un extraño visitante, que viene de muy lejos... La atmósfera está muy lograda, al igual que el juego con el tiempo, con fechas singulares como la Nochebuena y con los personajes visitantes del monasterio en distintos momentos que finalmente se vincularán entre sí. La premonición, los mensajes cifrados en objetos artísticos (aquí, vidrieras y estatuas) que anuncian un final apocalíptico para la Tierra, están en este cuento y también en otro relato ya independiente de este grupo protagonizado por Thur. Se trata de “Se cerraron como un rollo de pergamino”, narración sobre un pintor mediocre que se hace famoso al pintar un cuadro alucinante, una imagen que se le ha aparecido en sueños, y que una vez trasladada al lienzo, va dejando a su creador sin luz en los ojos. He aquí un fragmento de “Se cerraron como un rollo de pergamino”: Febrilmente, preparó un lienzo nuevo y mezcló colores en mil ensayos absurdos y frustrados antes de que pudiese olvidar ese tono imposible de bronce carcomido, oscuro como la costra de la lava que se agrieta y bajo la que se adivina la pujanza de la materia incandescente, con ese latido de piel demasiado tirante que está a punto de estallar. Y el círculo central era una llaga escarlata o un ojo sanguinolento que acecha anhelando el mal o una roja señal de alarma . La sorpresa final es impactante; el relato se cierra con palabras del Apocalipsis, Libro de las Revelaciones. Pero las referencias religiosas, en el caso de los cuentos de Guera y Mengotti, parecen tener un valor literario más que otra cosa. En general, las historias del tándem madre-hijo consiguen muy bien crear una atmósfera inquietante, densa, oscura, melancólica. Están entre la ciencia ficción y lo fantástico y rozan el terror en ocasiones. Aunque a veces el argumento es un tanto impreciso y deja bastantes lagunas, y aunque al lenguaje le falta en ocasiones cierta depuración, fascina porque es muy visual, muy cromático, por sus imágenes intensas, el gusto por los colores, piedras preciosas, paisajes, atmósferas, por lo ominoso y a la vez brillante. En cuanto a “Aborrece la sal”, el cuento que hemos elegido para la Biblioteca de relatos, es muy representativo de la obra de Guera y Mengotti, ya desde el título, original y bello como casi todos los de estos dos autores. De nuevo se une aquí la ciencia ficción y el terror. Sin querer desvelar el argumento ni sobre todo su resolución, haré un breve resumen. Nos encontramos en un planeta ocupado por una jungla gigantesca y voraz, con días bajo un sol abrasador, del que hay que esconderse como sea, con tormentas y lluvias crepusculares –atardeceres por otra parte maravillosos en su colorido–. Allí viven dos gemelos, chico y chica, huérfanos de madre, desde cuyo punto de vista vemos la historia: desde su ingenuidad; su desamparo frente a un padre frío y maltratador (sorprende que los autores se atrevan a plantear este tema, y el del profundo desamor familiar, en un simple relato de ciencia ficción); y su soledad en un mundo que están tratando de colonizar ellos tres: los demás se han ido. Para dominar ese planeta, el padre utiliza la sal. Los chicos, sin embargo, son los únicos capaces de percibir una misteriosa, furtiva melodía que les llama, desde algún lugar de ese mundo inhabitado… Un detalle importante: resulta curioso, y poco usual, el cambio de poderes en la historia: del padre maltratador al hijo varón, que intenta ejercer su autoridad masculina sobre la hermana… y un final en el que nos espera una valiente vuelta de tuerca… La colonización de nuevos mundos, que no tienen por qué ser precisamente hospitalarios, que asombrosamente pueden tener conciencia e iniciativa propia (recordemos, salvando las distancias, a Solaris), es un tema muy del gusto de la ciencia ficción. La perspectiva infantil, que facilita desde luego el sentimiento de terror en quien lee; los zombies, los sueños… Todo eso puede encontrarse en muchos relatos de CF o de terror, no es en realidad nada original (¿qué tema lo es?). Y sin embargo la historia consigue conmover y estremecer de un modo extraño… Angustia, terror y soledad en este mundo-selva, inhóspito, agobiante, pero a un tiempo sin duda también comprensible: todos tenemos que defendernos (y si nuestra pobre Tierra aprendiera un poco de sus métodos, apañados estaríamos los humanos). Aquí va un fragmento para abrir el apetito, es una descripción del mundo donde transcurre la acción: Las plantas se movían con ese impulso salvaje de crecer y crecer, se abrían de pronto esas flores con estambres largos y rectos, iguales a cirios fosforescentes, reventaban frutos rojos con espantoso aspecto de vísceras. De ellos se desprendían las hojas podridas, viscosas, que se pegaban al cuerpo como harapos de sudarios; en los troncos aparecían enormes llagas, donde los hongos se apresuraban a devorar la madera viva, las lianas azotaban en busca de una presa para enroscarse y las raíces tendían trampas. Toda la jungla exudaba un fétido aliento de corrupción y gestación. Sin el alivio de un grito de pájaro, de pasos que chapotean en el barro, de ojos que brillan, únicamente tentáculos tanteando en las tinieblas bajo un cielo como un paño mortuorio extendido sobre un cadáver. Sin luna, sin parpadeo de estrellas. En el silencio negro, las plantas murmuraban, secreteaban, chupaban el cieno con ansia, antes de que el sol las aplastara con el peso de su incandescencia; Desde las ventanas del hangar veían los árboles, ronda de fantasmas que avanzaban cuando papá se volvía de espaldas. Si os gusta el relato y queréis leer otros de los mismos autores, poneos en contacto con nosotras y os diremos cómo podéis conseguirlos. |
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