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CIENCIA FICCIÓN |
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Sobre Florencia Grau y El último turista |
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Agradeceríamos cualquier noticia sobre la autora de este relato, que nos permitiera completar nuestra información. Sospechamos que Florencia Grau haya podido ser abducida por los extraterrestres, como algunas otras autoras desaparecidas que estamos rescatando en esta Biblioteca.
Internet permite ciertas maravillas, entendidas éstas como algo que nos produce asombro y placer. Por ejemplo, y para quien ame la literatura, rescatar un texto que muy probablemente sólo tú recuerdas –incluso, es posible, su autora ha podido olvidar que lo escribió–, y llevarlo al ciberespacio para que pueda ser leído. Durante más de 30 años, conservé este relato, “El último turista”, en una carpeta, llevada de casa en casa; hace poco volví a reencontrar el papel amarillento, doblado muchas veces, y que recorté de la revista del corazón Lecturas, donde fue publicado calculo que alrededor de 1970, en el nº 104. Hoy, al preguntarme por qué guardé con tanto celo una historia sacada de una publicación semejante, y por qué me gustó tanto, me he dicho que fue debido a que se trata de un relato de ciencia ficción, y que sin yo saberlo, fue el que me hizo aficionarme al género, aunque esa afición estuvo larvada muchos años. Tal vez esta explicación es una historia de ficción más. Sobre Florencia Grau he descubierto –me atrevería a asegurar que quien escribió “El último turista” y aquella que aparece en Internet, son la misma– que era traductora y editora literaria, hacía adaptaciones teatrales, y estuvo especializada en literatura infantil. Es muy posible que la revista Lecturas le pidiera un relato romántico, pues solía incluir este tipo de narraciones en sus páginas. Lo casi excéntrico es que en este caso el relato rosa es además un cuento de ciencia ficción, género literario desde luego muy alejado de los contenidos normales en la prensa de cotilleo. Una primera lectura de “El último turista” puede confirmarnos que se trata en efecto de una narración romántica, con bastantes de los tópicos de ese género. Pero una revisión más detallada tal vez nos haga descubrir que hay algo extraño, crepuscular, sombrío, en esta historia de amor. El final por ejemplo es atípico, sorprendente. En cuanto a los personajes ¿no se puede decir de ellos que son unos inadaptados sociales: tanto la joven terrestre, Alba, realmente rarita (para un relato de este tipo, por supuesto) a causa de su amor a la soledad, como el extraterrestre, que además de ser de otro planeta y tener un físico inolvidable, tampoco desea volver a su mundo de origen? Por otra parte, la inadaptación social de la protagonista (“Alba era muy rara, decían”, “tenía fama de orgullosa y arisca”, “soy una mujer solitaria, olvidada y aburrida en este pueblo”) se debe no sólo a su inteligencia y sensibilidad, a su carácter soñador e introvertido, sino a hallarse en un mundo que la oprime con su mediocridad y sus valores morales. Ya no tan joven, ni tan hermosa, piensa ella misma, como antes (aunque “ignoraba que lo era, todavía”), y sola, una soledad desesperanzada pero voluntaria y asumida,se convierte automáticamente en un bicho raro, máxime teniendo en cuenta la época en que se desarrolla la historia, al final de ese franquismo que ahora en nuestro país pretendemos haber superado sin secuelas. El personaje de Alba me recuerda a la protagonista de la hermosa novelita de Elia Barceló El secreto del orfebre, atrapada asimismo en un entorno pequeño, pacato, mezquino, triste, y se inscribe también en toda una serie de personajes femeninos entre cuyos más logrados exponentes estaría incluso Ana Ozores, La Regenta de mi admirado Clarín. En cuanto al tema o motivo temático, relacionado con el anterior, de la mujer de nuestro planeta que decide pirarse en un ovni con un extraterrestre en vez de buscar marido y familia aquí, lo abordará poco después magistralmente la autora de ciencia ficción estadounidense James Tiptre Jr./Alice Sheldon, en un relato imposible de olvidar ya desde el título (sobre el cual hay una famosa y divertida anécdota que contaremos en otra ocasión): Las mujeres que los hombres no ven. Podrían encontrarse otras dimensiones simbólicas en el cuento de Grau, pero lo dejaremos para otra ocasión. Lola Robles. Marzo 2007 |
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